La relatividad de la media botella

A veces me parece que el optimismo —esa musa esquiva— no sólo depende de si la botella frente a nosotros se presenta medio llena o medio vacía, también de si nuestro trabajo es llenarla o vaciarla; servirla en la mesa de otro o bebernos su contenido, y de si éste es vino, hidromiel o acqua toffana.

En ocasiones incluso (como cuando contiene combustible y dispone de una mecha inflamada) una botella a la mitad puede dejar de representar el equilibrio del término medio para convertirse en la extrema y radical disputa entre dos mitades enfrentadas.

Se toma una botella llena de champán para romperla contra el casco de las embarcaciones en su inauguración, pero la prefieren hueca esos pacientes modelistas que se empeñan en meter barcos en su interior. Y vacía también la necesita el desesperado náufrago de una isla desierta, si acaso quiere lanzar en ella un mensaje de petición de auxilio que no acabe hundido y desapercibido en las profundidades.

Para un peregrino en el desierto, como en el propio camino de la vida, partir con una botella más vacía que llena significa la certeza de pasar sed durante la travesía. Pero llegar al final con la botella más llena que vacía, puede ser sinónimo de haber cargado con un exceso de lastre desaprovechado.

Recipiente de agua fresca; quizá frágil, pero transparente. Afortunada de encontrar fuentes en las que llenarse, y de poder dar calma a la sed de quien a ella se acerca a beber. Así quiero yo mi botella.


 

Comentarios

Excelente texto. Y una excelente descripción de lo que puede ser una botella ideal.
Como dicen... ¡querer es poder!

Bikos.

Gracias por vuestros refrescantes comentarios.
Luis Pabón
Puse un link a este artículo en el blog, citándote. Espero que no te moleste. Cualquier cosa, me avisás y lo saco.

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