Miércoles, 25 de abril de 2007 a las 23:31 - IMPULSOS
Parece que fue ayer, pero estos días ya se cumple el 25 aniversario del ZX Spectrum, ese microordenador de 8 bits, memoria de 48 "kas" y teclas de goma con el que muchos nos iniciamos en esto de la cibernética. Eso significa que dentro de poco yo también habré cumplido nada menos que cinco lustros de convivencia, afición, vocación y trabajo con estas dichosas maquinitas.
Aún recuerdo la primera vez: yo tenía 10 años, era el día de Reyes de
1983 y allí estaba aquella extraña mezcla entre calculadora y máquina de escribir que mi padre decía haberse
autoregalado. Después de conectarlo al televisor y encenderlo con mucho cuidado, en aquel trascendente acto que iba a significar mi primera palabra tecleada en un ordenador, me dispuse a pulsar la secuencia de botones que supuse escribiría mi nombre.
Fue en aquel preciso instante cuando comenzó mi forzosa comprensión (aún vigente a día de hoy) de que los ordenadores son engendros de comportamientos inesperados pues, en lugar de mi nombre, sobre la pantalla apareció un misterioso y desafiante mensaje:

"Será un largo camino", pensé.