Tan alto, tan lejos, tan pronto

I pictured a rainbow;
you held it in your hands.
I had flashes,
but you saw the plan.
I wandered out in the world for years
while you just stayed in your room.
I saw the crescent;
you saw the whole of the moon.
("The whole of the moon", The Waterboys, 1985)

Esta famosa canción de The Waterboys se interpreta como un homenaje de admiración al escritor C. S. Lewis, relatando con envidia la creatividad innata de este narrador y su aparente facilidad a la hora de fabular mundos e historias fantásticas.

Pero la envidia es muchas veces el resultado de una comparación llevada a cabo desde la engañosa perspectiva de la subjetividad. Me explico: cuando valoramos todo aquello que nos concierne —nuestro trabajo, nuestro talento o nuestra suerte—, es evidente que lo hacemos con un conocimiento de causa completo, que incluye no sólo los resultados, sino también todo el proceso y esfuerzo que los origina.

Sin embargo, cuando juzgamos la posición de los demás respecto a esas mismas categorías, a menudo nos limitamos a la consecuencia visible y resultante, descartando inadvertidamente (ya sea por falta de información o empatía) el coste que dicho estatus u objetivo ha supuesto internamente para aquella persona con la que nos comparamos.

Resulta cómodo admirar las ventajas o habilidades ajenas con la autocomplacencia de pensar que han sido fruto de la fortuna o la genética, imponderables que han facilitado su camino. Y eso es cierto en ocasiones, pero muchas otras veces lo que causa tal percepción es el hecho de que todo esfuerzo y sacrificio que no haya padecido uno mismo, adolece siempre de un más difícil aprecio.

Sabemos que la luna es aproximadamente esférica, y resulta imposible ver poco más de la mitad de una esfera al mirarla desde el exterior sin otro artificio que los propios ojos, porque siempre quedará una cara oculta. Salvo que la esfera seamos nosotros; entonces tendremos consciencia plena de su contenido interior, pero escasa vigilancia sobre la superficie convexa que observarán los demás.

No se trata de juzgar quién hizo más por la medición del mundo, si Humboldt con su aventurada exploración del planeta, o Gauss recluido cual ermitaño entre sus cuatro paredes. Es posible que ambos se envidiasen mutuamente por cualidades de las que carecían y que veían magnificadas en la imagen proyectada del otro. Y lo cierto es que, en mayor o menor medida, la ciencia necesitó de ambos.

Así que no es cuestión tampoco de afligirse porque otros lleguen tan alto, tan lejos o tan pronto, sino de encontrar en ello una honesta motivación para esforzarse en subir, avanzar o anticiparse, en la medida de nuestras propias posibilidades, respecto al statu quo actual.


 

Comentarios

Me gustaban los Waterboys y me gusta Lewis. No sabía que hubiera una afinidad entre ellos...Gracias por descubrírmelo
Qué buena observación... yo aprendo mucho en este blog. Sobre todo me hace meditar muchas cosas.

Gracias.

qué chiripa: hace un rato me he enterado de que los Waterboys vienen a madrid (joy eslava, miércoles 17), y ahora, curioseando por tu blog, me encuentro con esto. De hecho, no sabía que esta canción hacía referencia a C.S.Lewis (escritor que me encanta). Al final todo se enlaza, chiripa tras chiripa.

Enhorabuena por tu blog.

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