Viernes, 5 de octubre de 2007 a las 06:59 - IMPULSOS
Hace algún tiempo, en la ciudad brasileña de São Paulo decidieron deshacerse de las vallas publicitarias y otros espacios propagandísticos invasivos.
A algunos les parece que la drástica medida de vetar los reclamos visuales a los que tanto nos hemos acostumbrado da lugar a una urbe desangelada y sosa. Pero a mí me da envidia la
intimidad de su desnudez y la criba de distracciones artificiales, que no son fruto de los individuos, sino de poderosas y manipuladoras corporaciones.
Quizás resulte algo exagerado afirmar que una ciudad que hace de los estandartes publicitarios su seña de identidad, es porque tiene un serio déficit de autoestima. Pero lo cierto es que el
bombardeo publicitario llega a ser, en algunos casos, bastante insoportable. Por ejemplo, alguna de las ciudades chinas por las que anduve este verano no eran, en su despertar al capitalismo, sino inmensos centros comerciales y espasmódicos escaparates de reclusión al consumo.
El mundo del
marketing anda en estos días bastante agitado con los nuevos vientos que traen las últimas tecnologías. Tanto es así, que hay quien asegura que en la próxima década,
todo el marketing será digital, lo cual podría ser incluso una ventaja, siempre que a nuestros dispositivos electrónicos no les falte nunca una tecla rotulada como "
power off".
Cierto es que cada uno de nosotros es, en sí mismo, una pequeña (o grande) identidad corporativa, o que hasta del "
no logo" puede hacerse una marca (véase si no, la cadena japonesa de ropa
Muji, "sin marca", que comenta
Esteban). Como casi todo en esta vida, todo depende del uso y del abuso. En publicidad, la incitación
creativa puede llegar a ser loable y divertida; pero la extorsión y
falsificación de la realidad, no. Lo malo es que como la creatividad es un bien escaso, la mayor parte de las veces nos acaban endosando su
sucedáneo.
En fin, respecto a la tortura mediática tampoco voy a pedir a estas alturas una desmantelación como la de São Paulo. Me conformo, tan sólo, con un poco de tregua para mis sentidos.