Blogueando post mortem
Hace algunos meses se me ocurrió una idea para un posible proyecto con una temática que trataría de llevar el aroma de la Web 2.0 a un terreno algo macabro, pero que todavía parecía bastante inexplorado: la muerte.
La idea, a la que denominé Postumun, era sencilla: proporcionar un servicio para poder escribir mensajes a los seres queridos (u odiados), los cuales serían entregados sólo en caso de nuestra muerte, ya fuera ésta repentina o esperada. Esto permitiría dejar un legado programado de despedidas, confesiones, revelación de secretos prácticos (como combinaciones de cajas fuertes), testamentos oficiosos, etc.La detección del fallecimiento o desaparición de cada usuario iba a estar basada en un mecanismo de tipo keep-alive, por el que el interesado debería conectarse o responder periódicamente al servicio para demostrar su presencia y/o existencia. Esto permitiría también dar usos alternativos al sistema, al poder usarse como servicio de recordatorios o, por ejemplo, como sepelio de entes no personales (abandono de proyectos, cierre de empresas, etc.)A más largo plazo, el posible modelo de negocio estaría basado en ampliar el servicio dotándolo de un área pública para el debate y opinión sobre los aspectos prácticos, filosóficos y religiosos de afrontar algo tan siniestro como inevitable, y quizá con la participación interesada o publicitaria de aquellos sectores que ya se dedican al tema en el mundo real (empresas aseguradoras, funerarias, notarios especializados en testamentos y herencias, etc.)Diversas cuestiones, pero fundamentalmente la falta de tiempo para proyectos propios, me llevaron a desestimar el desarrollo y enterrar el proyecto antes de nacer. Pero ahora descubro que la idea no era mala del todo, pues acaban de empezar a ponerla en práctica en www.justincaseidie.com. Aunque su denominación y estética parecen menos otoñales y algo más oscuras y sanguinolentas, el concepto original es idéntico.Seguiré su evolución con interés, para comprobar el grado de éxito de la idea. No obstante, dudo de que llegue a utilizar el servicio en primera persona, quizá por la ingenua esperanza de querer y poder decir en vida todo cuanto he de decir.