Penaltis analógicos y digitales
Muchos de los que vieron los últimos instantes del partido de fútbol de ayer (ya fuere por interés forofístico o meramente sociológico) y lo hicieron a través de una emisión de televisión digital terrestre (TDT), pudieron comprobar como el efecto de retardo o latencia restaba emoción a los lanzamientos de los penaltis.
Los gritos de alborozo o los silencios en un vecindario aún no homogeneizado por el apagón analógico, se anticipaban como por arte de magia a las imágenes de la pantalla, y podían escucharse jubilosos gritos celebrando cada gol (o cada fallo del contrario) aún cuando en el televisor el balón ni siquiera había sido chutado aún por el futbolista.Esta curiosidad, de la que ya se ha hablado en alguna nochevieja, al hilo de la precisión cronográfica de las campanadas de fin de año, me hizo recordar la inmediatez de lo analógico frente a lo digital. Antes de la ubicuidad de los ordenadores digitales, la computación analógica tenía cierto protagonismo y, sobre todo, un cierto encanto de artesanía e invención.Así, por ejemplo, con poco más que un tornillo rodando sobre un disco a una distancia móvil de su centro podía calcularse la integral la función definida precisamente por esa distancia variable. Tan sólido mecanismo, resistente a interferencias electromagnéticas, podía usarse, por ejemplo, para autodestruir un cohete que se hubiera desviado de su trayectoria prevista en una distancia superior a la permitida.Por lo general, la computación analógica es instantánea en el proceso de cálculo, pero la tarea de preparación de los datos de entrada o de extracción y análisis de los datos de salida no es tan trivial. Precisamente la facilidad y comodidad de manipulación es la gran ventaja de los datos digitales, pese a que su cómputo no sea tan inmediato.Algunos otros ejemplos de artilugios analógicos aparecieron en las páginas de Investigación y Ciencia durante la década de los 80, y también en el libro "Aventuras informáticas" de A. K. Dewdney (Editorial Labor, 1990). Entre los cachivaches, más curiosos que útiles, propuestos para distintos problemas específicos, se encontraban los siguientes:
El ordenador a spaghetti, capaz de ordenar un notable volumen de números (representados por spaghettis de distinta longitud) de forma instantánea, sin más que dar un golpe seco contra la mesa.
Determinación de la envoltura convexa de un conjunto de puntos del plano, sin más que usar una banda elástica.
Artefacto para hallar la recta que mejor se ajusta a una nube de puntos, también basado en gomas elásticas.
Calculadora de la media aritmética de varios números. Primero se llena cada depósito hasta la marca de cada número; después se abren las válvulas y el nivel de líquido se estabiliza justo en la media aritmética.
Ordenador analógico para resolver una ecuación cúbica, estando representados los términos de x, x2 y x3 por un cono, un cilindro y un paraboloide respectivamente.El libro proponía otros tantos artilugios igualmente curiosos, y todos ellos basados en propiedades o relaciones físicas. No dejan de ser curiosidades, que no le quitan a lo digital su protagonismo en la revolución de nuestro mundo. Pero también nos recuerdan que no todo en el progreso tecnológico está tan claramente delimitado, y todavía quedan huecos para que el mundo analógico le marque un gol al fenómeno digital.