Feliz 2009

Le dijo Bilbo a Gandalf:

—¡Feliz año!
—¿Qué quieres decir? ¿Me deseas feliz año, o quieres decir que es un buen año, lo quiera yo o no; o es que hoy te sientes bien; o que es un año en el que conviene ser feliz?
—Todo eso a la vez.

Por mi parte, os deseo a todos un feliz 2009, y que el lobo cuyas orejas asoman ya por el horizonte no sea tan fiero como lo pintan.


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Miradas

Gato (Fotografía de Sevein)

Después de algún primer intento bitacórico fallido, por fin parece que Sevein viene dispuesta a compartir con nosotros su interesante forma de ver las cosas y los lugares a través de un objetivo fotográfico. Aguardaremos cada nueva entrega con impaciencia.

Y hablando de fotografía: mis más sinceras felicitaciones a Mauro por el reciente y merecido premio a su blog Fotomaf (y, sobre todo, por esas excelentes instantáneas que tanta envidia nos dan).


De entre los muertos

He vuelto. Aprovecho este día de Halloween para resucitar estas páginas después de una larga pausa de letargo y abandono.

Curiosa fiesta de disfraces para despedir un mes en el que el mundo se ha quitado una de sus muchas máscaras, revelando las verdaderas fauces de un terrorífico rostro y demostrando que la auténtica noche de brujas dura todo el año.

Coincidiendo con el 2º aniversario de Entropía (que ha pasado bastante desapercibido), justo mientras la Mano Invisible se fracturaba la muñeca en un espectáculo digno de tanta congoja como disfrute, un servidor padecía cierta crisis y falta de liquidez en cuanto a motivación y tiempo libre se refiere.

He vuelto, pero no prometo hacerlo bien. Y mucho menos después de aprender que las recompensas por hacerlo mal suelen ser mucho mayores, a la par que discretas.


Cuestión de oficio

Aunque hace ya tiempo que perdí mi petulante tupé de juventud, no pude resistirme a acudir ayer al concierto en Madrid de los Stray Cats siendo, como era, la última oportunidad de verlos juntos por los escenarios antes de que se corten definitivamente la coleta (o en su caso, el flequillo).

La banda de Brian Setzer (tres amigos, como emotivamente se proclamaron anoche) no defraudó en su gira de despedida, imprimiendo a la velada un frenético ritmo de rockabilly en su más puro estado. Todo un espectáculo (dentro, pero también fuera del escenario por todo el ambiente que acompañaba al evento) gracias a esa paradójica y extraña frescura que sólo puede dar la experiencia.

La nota decepcionante la volvió a poner La Riviera. Esta vez el ritmo intenso y nítidamente espartano de la banda logró imponerse a la mala acústica habitual de la sala, que sí se hizo más evidente en la única semi-balada del repertorio. Es lo que puede esperarse de lo que, en realidad, es una sala de fiestas y no de conciertos (¿dónde si no se ha visto un auditorio cuesta abajo?).

Otros detalles reprochables vinieron de la mano de los promotores y organizadores, que tuvieron dos sutiles gentilezas para con esos clientes que habían pagado una entrada nada barata. Por un lado omitieron la hora de comienzo real del concierto dejando un margen de 2 horas desde la apertura de puertas. Y por otro, negaron el más mínimo soplo de aire acondicionado al acalorado público, que sólo pudo comprobar cómo funcionaba cuando milagrosamente se puso en marcha al concluir el concierto. Como soy un malpensado, en ambos casos supongo que el objetivo era vender más bebidas.

Nada que ver con la agradable sala Heineken, que sin ser tampoco un local ideado originalmente como sala de conciertos, sí que está perfectamente acondicionada en términos acústicos. En ella pude ver el mes pasado al virtuoso John Mayall, toda una leyenda viva del Blues (maestro y colega de otros monstruos como Eric Clapton o Hendrix) que, a sus increíbles 75 años dio toda una lección de oficio y sacrificio (si es que a dedicar toda una vida a una vocación puede llamársele así).

Este superabuelo demostró la integridad de toda una carrera en el escenario y a las puertas del concierto, vendiendo y cobrando él mismo sus propios discos, firmando autógrafos e insistiendo en fotografiarse larga y generosamente con todos sus admiradores. Lecciones de humildad, en definitiva, que deberían aplicarse muchos de los bisbalitos que andan por ahí sueltos.

Por mi parte, reitero la aspiración de parecerme a estos personajes (no sólo los famosos y visibles, también los otros héroes anónimos), conservando tal vez no el pelo, pero sí la tenacidad y el saber hacer en el ámbito que me toca. Que la experiencia ganada supla el ímpetu perdido. No en vano siempre sabrá el diablo algo más por viejo que por diablo.


Pequeña URL infinita

¿Qué pasaría si, haciendo uso de varios servicios de abreviación de URLs, los configuramos para que apunten unos a otros consecutivamente en un bucle sin fin? Pues algo como esto:

http://tinyurl.com/urlloop

Algunos servicios de este tipo (como is.gd) incluyen filtros basados en listas negras para evitar este tipo de enlaces cíclicos; pero otros (como tinyurl.com y www.x.se, empleados en este ejemplo) no ponen trabas y se engarzan en una redirección mutua que, como en un partido de tenis, acaba cuando la pelota se choca contra la red.