Regalo magnético

La Navidad, en el primer mundo, es un tiempo de regalos y juguetes. Por una vez, sin que sirva de precedente, Entropía quiere ser partícipe de ese espíritu comercial, y por ello voy a regalar un pequeño y simbólico juguete a alguno de los lectores del blog que quieran participar en la siguiente propuesta:

Se trata de dibujar, retratar, fotografiar o ilustrar de cualquier manera gráfica, por muy abstracta que sea, aquellos conceptos o sensaciones que os evoque la palabra "entropía".

No hace falta ser un artista; lo importante es la intención de participar. En realidad, esto no es sino la evolución de una petición que hice hace tiempo a algunos amigos (aunque de momento sólo uno se ha prestado al juego).

El premio será un Levitron (bueno, no un Levitron® original, sino una modesta imitación traída de China, aunque igualmente funcional, eso sí). Y es que este curioso invento me parece un juguete bastante representativo de los temas y formas tratados en estas páginas.

La misión del Levitron, como la de un derviche turco mecánico, es girar sobre sí mismo y flotar ingrávido a unos pocos centímetros del suelo, sobre una superficie magnética especialmente calibrada. Los detalles del fenómeno físico de la levitación por rotación los podéis encontrar aquí, y en el siguiente vídeo se ven unas imágenes del artilugio en pleno funcionamiento:

Este ejemplar en cuestión fue regateado este verano en el mercado de la seda de Pekín, así que no creo que tarden demasiado en llegar (si no lo han hecho ya) otras réplicas similares a las tiendas de "todo a 100" de cualquiera de nuestros barrios.

Esto no es un concurso ni un sorteo oficial, así que no hay bases formales y os tendréis que conformar con mi palabra. Eso sí, vamos a acotar la participación en los siguientes puntos:

Audiencias

Recién destapada la tercera ola anual del Estudio General de Medios (EGM), televisiones, radios, prensa y demás medios de comunicación han puesto ya a trabajar a destajo a sus respectivas abuelas en la declaración de lo buenos que son, lo fieles que son sus seguidores y lo mucho que han incrementado sus audiencias.

En medio de esta vorágine de autobombo, Entropía apela por la objetividad y emite el siguiente comunicado sobre sus cifras:

Audiencia de Entropía: 4 gatos (pero muy buena gente ;-)

De lunas azules

Hay cosas que pasan sólo de cuando en cuando. Por ejemplo, "de Pascuas a Ramos" (que literalmente y según la tradición cristiana vendría a ser cada año menos una semana), o "de higos a brevas" (varios meses, a diferencia del poco tiempo que transcurre en la secuencia inversa de los dos tipos de frutos de la higuera).

Los anglosajones utilizan otra expresión similar: "once in a blue moon", que hace referencia al periodo de tiempo que separa el avistamiento de dos lunas azules. Pero, ¿qué es una luna azul?

Existen dos definiciones principales. La primera, más reciente y comúnmente aceptada dice que una luna azul es la segunda luna llena que cae dentro del mismo mes del calendario (lo que ocurre un promedio de 7 veces cada 19 años). Así que la palabra blue quizás no tenga tanto un significado cromático como sentimental, inducido por la hipotética melancolía de una luna llena que tiñe de tristeza su esplendor al sentirse algo segundona.

Otra acepción más antigua define una luna azul como la tercera luna llena en una estación que tiene cuatro de tales efemérides. Y toda esta preocupación por el recuento de lunas llenas tiene que ver con el calendario cristiano eclesiástico.

En realidad, hay algunas otras variantes y diferentes formulaciones para el cálculo astronómico de las lunas azules. Definiciones todas ellas arbitrarias, al fin y al cabo. Y como la idílica flor azul del Romanticismo, son fruto de levantar la vista en busca de lo extraordinario, sin percatarnos quizás del reflejo de algo que nos queda mucho más cerca.

Porque de momento, que se sepa, lo verdaderamente raro, inusual y azul (aunque pálido) sigue siendo nuestro propio planeta.


El secreto de la productividad

Después de mucho investigar, he llegado a la conclusión de que no es otro sino este.


Desmarcarse

Hace algún tiempo, en la ciudad brasileña de São Paulo decidieron deshacerse de las vallas publicitarias y otros espacios propagandísticos invasivos.

A algunos les parece que la drástica medida de vetar los reclamos visuales a los que tanto nos hemos acostumbrado da lugar a una urbe desangelada y sosa. Pero a mí me da envidia la intimidad de su desnudez y la criba de distracciones artificiales, que no son fruto de los individuos, sino de poderosas y manipuladoras corporaciones.

Quizás resulte algo exagerado afirmar que una ciudad que hace de los estandartes publicitarios su seña de identidad, es porque tiene un serio déficit de autoestima. Pero lo cierto es que el bombardeo publicitario llega a ser, en algunos casos, bastante insoportable. Por ejemplo, alguna de las ciudades chinas por las que anduve este verano no eran, en su despertar al capitalismo, sino inmensos centros comerciales y espasmódicos escaparates de reclusión al consumo.

El mundo del marketing anda en estos días bastante agitado con los nuevos vientos que traen las últimas tecnologías. Tanto es así, que hay quien asegura que en la próxima década, todo el marketing será digital, lo cual podría ser incluso una ventaja, siempre que a nuestros dispositivos electrónicos no les falte nunca una tecla rotulada como "power off".

Cierto es que cada uno de nosotros es, en sí mismo, una pequeña (o grande) identidad corporativa, o que hasta del "no logo" puede hacerse una marca (véase si no, la cadena japonesa de ropa Muji, "sin marca", que comenta Esteban). Como casi todo en esta vida, todo depende del uso y del abuso. En publicidad, la incitación creativa puede llegar a ser loable y divertida; pero la extorsión y falsificación de la realidad, no. Lo malo es que como la creatividad es un bien escaso, la mayor parte de las veces nos acaban endosando su sucedáneo.

En fin, respecto a la tortura mediática tampoco voy a pedir a estas alturas una desmantelación como la de São Paulo. Me conformo, tan sólo, con un poco de tregua para mis sentidos.