Nueve milímetros

Cinco,
cuatro,
tres,
dos,
uno,
cero...

...menos uno.

Perteneciente a la colección "Las margaritas impares" (2001)


Un club exclusivo


La entropía de los cisnes negros

Rara avis in terris nigroque simillima cycno.(Decimus Iunius Iuvenalis, 82 A.D.)

Prácticamente hasta comienzos del siglo XVIII, todos los cisnes conocidos en Europa eran blancos. La expresión "Cisne negro", (primero en boca del poeta satírico Juvenal, después en palabras del filósofo David Hume, y más tarde como parte de algunos proverbios populares), pasó a convertirse en metáfora de aquello que no podía existir, pues los cisnes negros sólo existían en la imaginación de los europeos.

La probabilidad de encontrar un cisne que no fuera blanco se creía nula. Y la entropía cromática de la familia aviaria, por tanto, también:

Pero ocurrió que en 1697, el explorador holandés Willem de Vlamingh registró el primer avistamiento europeo de un cisne negro mientras navegaba por las aguas del que después bautizaría como río Swan, en la costa occidental de Nueva Holanda (Australia). Posteriormente, en 1726, se capturaron dos ejemplares de la especie, que se llevaron a la actual Yakarta como prueba de su existencia.

La cantidad de información aportada por tan singulares eventos resultó, más que enorme, teóricamente infinita, pues siendo ésta magnitud inversamente proporcional a la probabilidad de encontrar un cisne negro (que según el conocimiento europeo de la época era virtualmente cero) la expresión formal de la medida de la información sería la siguiente:

Después de su inesperado descubrimiento por parte de la cultura europea, se introdujo la especie en las tierras septentrionales, pero los cisnes negros siguieron escaseando durante algún tiempo, pues eran cazados y espantados a causa de temores fundados sobre creencias y supersticiones que vinculaban a estas pobres aves con la brujería.

La historia es toda una lección de humildad para la vanidosa intelectualidad del hemisferio norte, y aún hoy se podría aprender algo útil de todo aquello. Cuando se extrapola gratuitamente el conocimiento de un mundo limitado e incompleto, pretendiendo hacer universal su validez, se corre el riesgo de meter profundamente la pata (o el cisne).

Es tranquilizador pensar que nuestro mundo es una máquina ajustada cuyo mecanismo hemos aprendido y memorizado hasta hacerlo tan predecible y seguro como el sol que amanece cada día. Y tal vez nuestro modelo no ande muy desencaminado, pero ¿será también posible que, en esa maquinaría, el engranaje mayor sea tan grande que aún no ha recorrido el ángulo suficiente como para alcanzar ese diente mellado que ha de romper el mecanismo en mil pedazos?


De ferias y congresos

(y las cerillas todavía encienden)


Google Developer Day

Hoy he tenido la ocasión de asistir en Madrid al evento para desarrolladores de software que Google organizaba de manera simultánea en 10 ciudades del mundo. Lo he hecho en buena compañía (1, 2 y 3) y allí hemos acabado rodeados de (o reunidos con) todas las subespecies de frikis que a uno le puedan venir a la cabeza.

El acontecimiento venía ya con todos los ingredientes necesarios para satisfacer a la audiencia a la que estaba destinado, y en tal ambiente no ha resultado extraño encontrar a talluditos treintañeros recordando sus tiempos de Juvenalia al recibir con entusiasmo obsequios y zarandajas como cuadernos, camisetas, y hasta pequeños helicópteros teledirigidos.

La puesta en escena ha estado bien, pero los contenidos algo desiguales, incluyendo alguna presentación bastante impresentable. Para mis lectores más técnicos: de lo que he tenido oportunidad de ver, me quedo con la interesante novedad de Google Gears (que habrá que seguir muy de cerca) y con la consolidación de GData para hacer de la Red la plataforma.

Posicionamiento en buscadores (fotografiado por Esteban Trigos)