Armas de autodestrucción masiva

Feliz 2009
—¿Qué quieres decir? ¿Me deseas feliz año, o quieres decir que es un buen año, lo quiera yo o no; o es que hoy te sientes bien; o que es un año en el que conviene ser feliz? —Todo eso a la vez.Por mi parte, os deseo a todos un feliz 2009, y que el lobo cuyas orejas asoman ya por el horizonte no sea tan fiero como lo pintan. Miradas De entre los muertos
Cuestión de oficio
La nota decepcionante la volvió a poner La Riviera. Esta vez el ritmo intenso y nítidamente espartano de la banda logró imponerse a la mala acústica habitual de la sala, que sí se hizo más evidente en la única semi-balada del repertorio. Es lo que puede esperarse de lo que, en realidad, es una sala de fiestas y no de conciertos (¿dónde si no se ha visto un auditorio cuesta abajo?).Otros detalles reprochables vinieron de la mano de los promotores y organizadores, que tuvieron dos sutiles gentilezas para con esos clientes que habían pagado una entrada nada barata. Por un lado omitieron la hora de comienzo real del concierto dejando un margen de 2 horas desde la apertura de puertas. Y por otro, negaron el más mínimo soplo de aire acondicionado al acalorado público, que sólo pudo comprobar cómo funcionaba cuando milagrosamente se puso en marcha al concluir el concierto. Como soy un malpensado, en ambos casos supongo que el objetivo era vender más bebidas. Nada que ver con la agradable sala Heineken, que sin ser tampoco un local ideado originalmente como sala de conciertos, sí que está perfectamente acondicionada en términos acústicos. En ella pude ver el mes pasado al virtuoso John Mayall, toda una leyenda viva del Blues (maestro y colega de otros monstruos como Eric Clapton o Hendrix) que, a sus increíbles 75 años dio toda una lección de oficio y sacrificio (si es que a dedicar toda una vida a una vocación puede llamársele así).Este superabuelo demostró la integridad de toda una carrera en el escenario y a las puertas del concierto, vendiendo y cobrando él mismo sus propios discos, firmando autógrafos e insistiendo en fotografiarse larga y generosamente con todos sus admiradores. Lecciones de humildad, en definitiva, que deberían aplicarse muchos de los bisbalitos que andan por ahí sueltos.Por mi parte, reitero la aspiración de parecerme a estos personajes (no sólo los famosos y visibles, también los otros héroes anónimos), conservando tal vez no el pelo, pero sí la tenacidad y el saber hacer en el ámbito que me toca. Que la experiencia ganada supla el ímpetu perdido. No en vano siempre sabrá el diablo algo más por viejo que por diablo. |