Jueves, 13 de diciembre de 2007 a las 19:52 - RAZONES
Un día mi abuelo me dijo que hay dos tipos de personas: las que trabajan, y las que buscan el mérito. Me dijo que tratara de estar en el primer grupo: hay menos competencia ahí.
(Indira Gandhi)

Algunas veces me pregunto cómo es que el mundo no marcha notablemente mejor de lo que lo hace, dada la elevada densidad de "listos" autoproclamados por metro cuadrado. Y también, en alguna ocasión, me he descubierto a mí mismo cayendo en idéntico y soberbio pecado.
Pero con el paso del tiempo y la permanencia de la edad noto como, cada vez más, se va debilitando la influencia de ese excluyente arquetipo del éxito que esta sociedad inculca obstinadamente, y que parece basarse única y exclusivamente en la notoriedad.
En el fondo, puede que no sea sino una forma de reconfortante autoengaño, ideado por el subconsciente para olvidar las propias limitaciones o anestesiar la mutilación de alguna ingenua expectativa adolescente. Es posible que sea eso... o no. Pero lo cierto es que desde hace tiempo mi objetivo ya no es llegar más lejos, sino más cerca.
Jueves, 4 de octubre de 2007 a las 20:52 - ESPACIOS, RAZONES
Guerras y conflictos del siglo XX, muchos de los cuales siguen aún activos
(fuente: nobelprize.org)
Domingo, 30 de septiembre de 2007 a las 14:10 - RAZONES
I pictured a rainbow;
you held it in your hands.
I had flashes,
but you saw the plan.
I wandered out in the world for years
while you just stayed in your room.
I saw the crescent;
you saw the whole of the moon.
("The whole of the moon", The Waterboys, 1985)
Esta famosa canción de
The Waterboys se interpreta como un homenaje de admiración al escritor
C. S. Lewis, relatando con envidia la creatividad innata de este narrador y su aparente facilidad a la hora de fabular mundos e historias fantásticas.
Pero la envidia es muchas veces el resultado de una comparación llevada a cabo desde la engañosa perspectiva de la subjetividad. Me explico: cuando valoramos todo aquello que nos concierne —nuestro trabajo, nuestro talento o nuestra suerte—, es evidente que lo hacemos con un conocimiento de causa completo, que incluye no sólo los resultados, sino también todo el proceso y esfuerzo que los origina.
Sin embargo, cuando juzgamos la posición de los demás respecto a esas mismas categorías, a menudo nos limitamos a la consecuencia visible y resultante, descartando inadvertidamente (ya sea por falta de información o empatía) el coste que dicho estatus u objetivo ha supuesto internamente para aquella persona con la que nos comparamos.
Resulta cómodo admirar las ventajas o habilidades ajenas con la autocomplacencia de pensar que han sido fruto de la fortuna o la genética, imponderables que han facilitado su camino. Y eso es cierto en ocasiones, pero muchas otras veces lo que causa tal percepción es el hecho de que todo esfuerzo y sacrificio que no haya padecido uno mismo, adolece siempre de un más difícil aprecio.
Sabemos que la luna es aproximadamente esférica, y resulta imposible ver poco más de la mitad de una
esfera al mirarla desde el exterior sin otro artificio que los propios ojos, porque siempre quedará una
cara oculta. Salvo que la esfera seamos nosotros; entonces tendremos consciencia plena de su contenido interior, pero escasa vigilancia sobre la superficie convexa que observarán los demás.
No se trata de juzgar quién hizo más por la
medición del mundo, si
Humboldt con su aventurada exploración del planeta, o
Gauss recluido cual ermitaño entre sus cuatro paredes. Es posible que ambos se envidiasen mutuamente por cualidades de las que carecían y que veían magnificadas en la imagen proyectada del otro. Y lo cierto es que, en mayor o menor medida, la ciencia necesitó de ambos.
Así que no es cuestión tampoco de afligirse porque otros lleguen tan alto, tan lejos o tan pronto, sino de encontrar en ello una honesta motivación para esforzarse en subir, avanzar o anticiparse, en la medida de nuestras propias posibilidades, respecto al
statu quo actual.
Miércoles, 26 de septiembre de 2007 a las 23:59 - ESPACIOS, RAZONES
"La vaca Garcilasa", de Cristina Núñez Pabón (2000)
Me encanta este dibujo que hizo mi sobrina cuando tenía 4 años escasos. Creo que pocas ilustraciones pueden presumir de una síntesis conceptual más perfecta, pues representa todo lo que tiene que estar y no sobra ni un solo trazo. Hasta las formas y proporciones, desde su infantil distorsión, no dejan de tener una significación realista.
La simplicidad es, en mi opinión, una virtud que de forma innata se tiene de niño y no debería perderse en el desarrollo posterior. Las complicaciones del camino adulto, sin embargo, nos embaucan y obligan muchas veces a alejarnos de esa útil perspectiva.
Sin otra base científica que la observación subjetiva y la extrapolación, me atrevo a aventurar y proponer la siguiente relación (nada exhaustiva) de atributos predominantes, o cambios de enfoque, en cada una de las etapas naturales de la vida de una persona:
| Niñez |
Juventud |
Madurez |
Vejez |
aprendizaje
descubrimiento
fantasía
imaginación
permeabilidad
potencial
pureza
simplicidad
|
asimilación
detalle
especialización
generosidad
idealismo
impulso
memorización
riesgo
|
comprensión
continuidad
control
generalización
moderación
perspectiva
realismo
unificación
|
aseguramiento
conservación
costumbre
desengaño
economía
experiencia
simplificación
olvido
|
Cualidades de las distintas etapas vitalesEn esta lista quiero establecer una cierta conexión entre la infancia y la senectud, precisamente en el principio de lo simple, pese a que en una lo causa el origen y la espontaneidad, y en la otra viene motivado por el destino y la voluntad de abandonar las ocupaciones y preocupaciones más irrelevantes.
Einstein dijo que todo debería hacerse tan sencillo como sea posible, pero no más sencillo; y la simplificación también es argumento que esgrimen el
principio KISS o el de la
navaja de Occam. Pero, a menudo, algunos aspectos del mundo moderno parecen estar diseñados bajo las interesadas pautas de una artificiosa complejidad. ¿Será que en la confusión, como en los ríos revueltos, siempre hay alguien que sale ganando?
Volviendo a la visión infantil con respecto a las vacas, me quedo con aquella que
los payasos de la tele retrataron de forma surrealista mediante un perfecto lienzo en blanco:
—¿Qué representa ese cuadro? —preguntaba
Gaby.
—Es una vaca comiendo hierba —respondía
Miliki.
—¡Pero si ahí no hay nada! ¿Dónde está la hierba?
—Ah, es que la hierba ya se la ha comido la vaca.
—¿Y la vaca? ¿Dónde está la vaca?
—Pues como ya no quedaba hierba, la vaca se ha marchado.
Y era cierto que el cuadro estaba completamente vacío, pero eso no impidió que nuestros infantiles ojos "vieran" la vaca en él.
Martes, 18 de septiembre de 2007 a las 23:57 - PALABRAS, RAZONES
Recuerdo haber leído en "Los paraísos artificiales" de Baudelaire, que la palabra asesino procede etimológicamente de la forma árabe hashshashín, que significa "consumidores de hachís". Para justificar esta correspondencia, el poeta francés aludía a su vez a las crónicas de Marco Polo acerca de la secta de los Nazaríes, fundada en Persia hacia 1090. Sobre su líder, escribía Baudelaire:
[...] el Viejo de la Montaña encerraba en un jardín lleno de delicias, tras haberlos embriagado de hachís (de ahí Haxixinos, o Asesinos) a sus discípulos más jóvenes a quienes quería dar una idea de paraíso, recompensa vislumbrada, por así decir, de una obediencia pasiva e irreflexiva.
Resulta desalentadora la cercanía de tales descripciones con respecto a ciertos acontecimientos actuales de notoria similitud, pese a que han transcurrido ya casi mil años de historia (que no de evolución, según parece). Incluso los personajes del drama se dan un cierto aire: aquel
Viejo de las Montañas, y este
otro líder de poblada barba que dicen aún anda escondiéndose por las montañas de Afganistán.
De los modernos discípulos, herederos de aquellos que tenían en el cannabis su sponsor, daba una versión diferente
Jean Genet. Este polémico escritor, también francés, establecía una idealizada comparación entre la forma de vida de los jóvenes
fedayines y la elección de Aquiles en "
La Ilíada" por una vida rica pero corta. Lo hacía en su relato "
4 horas en Chatila", crónica de otros macabros espectáculos de los que en estos días se cumple precisamente el
25º aniversario.
Otra perfecta demostración de que la obediencia pasiva, la irreflexión (ya sea a causa de psicotrópicos o de doctrinas), y todo el terror consecuente no son monopolio de un bando o de otro; más bien son la bandera que los enfrenta y que, a la vez, los hace más iguales en su ruindad.