Miércoles, 19 de septiembre de 2007 a las 06:57 - PALABRAS, RAZONES
Recuerdo haber leído en "Los paraísos artificiales" de Baudelaire, que la palabra asesino procede etimológicamente de la forma árabe hashshashín, que significa "consumidores de hachís". Para justificar esta correspondencia, el poeta francés aludía a su vez a las crónicas de Marco Polo acerca de la secta de los Nazaríes, fundada en Persia hacia 1090. Sobre su líder, escribía Baudelaire:
[...] el Viejo de la Montaña encerraba en un jardín lleno de delicias, tras haberlos embriagado de hachís (de ahí Haxixinos, o Asesinos) a sus discípulos más jóvenes a quienes quería dar una idea de paraíso, recompensa vislumbrada, por así decir, de una obediencia pasiva e irreflexiva.
Resulta desalentadora la cercanía de tales descripciones con respecto a ciertos acontecimientos actuales de notoria similitud, pese a que han transcurrido ya casi mil años de historia (que no de evolución, según parece). Incluso los personajes del drama se dan un cierto aire: aquel
Viejo de las Montañas, y este
otro líder de poblada barba que dicen aún anda escondiéndose por las montañas de Afganistán.
De los modernos discípulos, herederos de aquellos que tenían en el cannabis su sponsor, daba una versión diferente
Jean Genet. Este polémico escritor, también francés, establecía una idealizada comparación entre la forma de vida de los jóvenes
fedayines y la elección de Aquiles en "
La Ilíada" por una vida rica pero corta. Lo hacía en su relato "
4 horas en Chatila", crónica de otros macabros espectáculos de los que en estos días se cumple precisamente el
25º aniversario.
Otra perfecta demostración de que la obediencia pasiva, la irreflexión (ya sea a causa de psicotrópicos o de doctrinas), y todo el terror consecuente no son monopolio de un bando o de otro; más bien son la bandera que los enfrenta y que, a la vez, los hace más iguales en su ruindad.
Viernes, 17 de agosto de 2007 a las 06:42 - PALABRAS
Cada vez que me veo en la necesidad de recurrir a los servicios telefónicos de asistencia de mi operadora de móvil, me resulta más difícil distinguir si quien me atiende desde el otro lado de la línea es una máquina o un ser humano.
Esto no sería del todo malo si se debiera a un alto grado de sofisticación en los sistemas de inteligencia artificial de los
IVR que les hiciera pasar, a oídos del interlocutor, por competentes personas de carne y hueso, aunque de poca sangre. Pero lo cierto es que resulta ser por motivos contrarios, y no es que las máquinas sean hábiles actores capaces de pasar el
test de Turing, sino que a los teleoperadores humanos se les ha impuesto la normativa de hablar y actuar como máquinas.
Me explico: esta tarde, durante una llamada para consultar los detalles del servicio de telefonía en itinerancia (o
roaming) no he podido sino sentirme parte pasiva de un algoritmo perfectamente programado para su ejecución por una (por otra parte amable) teleoperadora que no dejaba de repetir sistemáticamente, a intervalos regulares, la frase: "
Disculpa la espera que te he ocasionado, indicarte que..." tras lo cual pasaba a relatarme una serie de procesos e informaciones que perfectamente podríamos haber obviado de haber tenido yo alguna mínima ocasión de poder meter baza para dirigir mínimamente el cauce de la conversación. Pero no; no ha sido posible y el diálogo (monólogo) de autómata se ha extendido hasta un cuarto de hora, cuando lo único que yo pretendía era confirmar los códigos y prefijos a marcar para llamar desde el extranjero.
Hombres y máquinas. Aún me surgen serias dudas sobre quién está al servicio de quién a día de hoy. Sobre todo después de soportar esas políticas de las líneas de atención al cliente que, por comparación, hacen parecer salerosos chirigoteros de Cádiz a aquellos impertérritos
robots de los viejos
Kraftwerk.
"we are programmed just to do / anything you want us to..."
Martes, 7 de agosto de 2007 a las 05:54 - PALABRAS
Perripardo es un término improvisado por mi amigo Carlos un día que, charlando sobre esos pobres canes obligados a padecer a unos dueños empeñados en disfrazarlos, le conté la escena kitsch que había contemplado unos días antes y que tenía como protagonista a un pequeño chucho abrigado con un anorak estampado con motivos de piel de leopardo, todo ello en el "glamuroso" escenario de un mercadillo de Alcorcón.
Como la palabra me hizo bastante gracia, la he venido usando y aplicando desde entonces a nivel personal, no sólo en referencia a su sentido original, sino también como alegoría de situaciones y personajes que pretenden aparentar lo que no son (
sine nobilis).
Mi estima de la sencillez como canon de vida me hace huir, siempre que puedo, de tales parafernalias y
actitudes artificiosas, las cuales sólo llego a encontrar justificadas cuando, de tan patéticas, al menos tienen alguna utilidad cómica.
De todas formas, no seré yo quien de lecciones de coherencia en nuestra confusa y ya de por sí patética travesía por este valle de lágrimas. A menudo es difícil aventurar si la aparente fiera salvaje que encarnamos hoy no será el más ridículo de los perripardos del mañana.
Domingo, 5 de agosto de 2007 a las 21:27 - PALABRAS
Frecuentemente me llegan correos electrónicos en los que el remitente se empeña en llamarme "Luís" (con tilde) en lugar de "Luis" (sin tilde), siendo esto último lo correcto en mi caso. No suelo reprochárselo porque me consta que, en la mayoría de los casos, el error es fruto del uso bienintencionado de algún tipo de corrector ortográfico automático (como el de Microsoft Office) que, en este caso, resulta estar equivocado.
Si bien no puedo negar cierta perversa satisfacción al saber que mi nombre propio es una prueba más de que los ordenadores no son de fiar, creo conveniente hacer el siguiente recordatorio ortográfico: aunque para los nombres propios no hay reglas ortográficas seguras, en español los monosílabos no se acentúan salvo que existiese otro monosílabo idéntico con diferente significado.
Y a pesar de que en otras lenguas (como el portugués, el gallego o el catalán) haya casos de Luises bisilábicos, en castellano mi nombre consta de una sola sílaba. Además, teniendo en cuenta la economía del lenguaje, cualquiera que me conozca sabe que no podría ser de otra forma.
Miércoles, 25 de julio de 2007 a las 06:59 - PALABRAS
Au plus eslevé throne du monde si ne sommes assis que sus nostre cul.
"En el trono más elevado del mundo seguimos
estando sentados sobre nuestras posaderas"
(Michel de Montaigne)