Felicidades


Nº 100

En algo menos de cinco meses ntropía alcanza ya las 100 ideas, lo que hace un promedio de unas 20 entradas al mes o, lo que es lo mismo, un artículo cada día y medio, aproximadamente. Esos son los anecdóticos datos de este pasatiempo anti-utilitarista.


Etiquetado

He sido "etiquetado" por Martadesde su ilustre e ilustrado blog, lo que significa que tengo que confesar en público seis manías o rarezas personales, y después he de pasar la pelota etiquetando yo mismo a otras seis personas.

Es decir, se trata de un meme, o comentario viral propagado rápidamente por el efecto multiplicador de las redes sociales. Viniendo de quien viene la propuesta, no puedo negarme a continuar la cadena, así que allá voy con la lista de mis particulares circunstancias:

  • No me gusta el queso. Sí, lo sé; éste es un gran defecto y me consta que me estoy perdiendo un suculento placer... pero es que no lo puedo evitar. De todas formas tampoco soy un quesófobo radical, ni muy coherente, porque no tengo problema en comer y disfrutar de ciertas comidas que llevan este alimento.

  • Aunque por mi discreta fachada pública cueste creerlo, en la intimidad me paso la mayor parte del día canturreando, charlando sobre tonterías y haciendo el ganso. Una de mis relajadas especialidades es bostezar imitando el gruñido de Chewbacca.

  • Cuando me enfado no suelo levantar la voz, pero con unas pocas palabras puedo llegar a ser bastante hiriente. Luego me dura poco, me arrepiento enseguida, y vuelvo a canturrear para tratar de quitarle hierro al asunto.

  • Si voy conduciendo de viaje hacia algún sitio nuevo, hay un 90% de probabilidades de que me pase el desvío correcto de la autovía y acabe perdido por alguna carreterucha de mala muerte (lo que a veces me ha llevado a conocer algunos parajes verdaderamente surrealistas).

  • Los teléfonos móviles y yo somos especies incompatibles. Si me llamas, es muy posible que esté sin batería, fuera de cobertura, que no oiga el timbre o que simplemente lo tenga apagado. En el fondo, creo que éstas son consecuencias inconscientes de mi firme creencia en que la tecnología debe estar al servicio y disposición de las personas, y no al revés.

  • Soy muy ordenado y metódico para algunas cosas profesionales o vocacionales, pero bastante más dejado y un completo desastre en muchos otros asuntos más cotidianos.

Y ahora viene la segunda parte. Como soy prácticamente un recién llegado a este mundo de las bitácoras y todavía no tengo demasiados contactos blogueros, voy a saltarme un poco las reglas de este juego y así aprovecho para lanzar el guante a algunos amigos del MundoReal™ a los que ya llevo tratando de incitar a la participación desde hace algún tiempo (todavía con escaso éxito):


Josete

Nieves

Fran

Silvia

Carlos

Raquel

Es vuestro turno, chicos.


Memorabilia

Revisando el contenido de varias cajas con trastos viejos me he reencontrado con algunos de los álbumes de cromos de mi infancia: Mazinger Z, La abeja Maya, Heidi, Marco, e incluso la colección de 1977 de "La guerra de las galaxias". Su completitud y buen estado de conservación se los tengo que agradecer a mi hermana porque, siendo yo más pequeño y desordenado, solía ser ella la encargada de pegar los cromos.

En algunos casos es emocionante, sobre todo por lo inesperado, recuperar un objeto que evoca de forma instantánea un aluvión recuerdos y sensaciones que parecían casi tan distantes como la muy, muy lejana galaxia. Pero otras veces entraña cierto peligro porque, igual que los rememora, puede destruir la imagen idealizada que teníamos de ellos.

La mente humana almacena el pasado en forma de recuerdos pero, quizá por su instinto autoprotector, poco a poco va limando los vértices imperfectos e inquietantes. En ella se desvanece lo vano y transitorio, reservando así el privilegio de la persistencia sólo a las cosas hermosas (o a los aspectos menos dañinos, en caso de recuerdos trágicos o negativos). Es el poder mágico del pasado, que no cambia ni se altera.

Las nuevas tecnologías facilitan el reencuentro con muchos de los objetos, escenas y paisajes que decoraban nuestro pasado pero, personalmente, tengo la impresión de que esa fácil accesibilidad acaba con buena parte de su encanto.

¿Cuántas veces no hemos retomado un antiguo juguete, revisado una vieja película, o revisitado un lugar de nuestro pasado y hemos acabado pensando "Entonces me parecía mucho más divertido", "Cómo pudo fascinarme una historia tan burda" o "Lo recordaba más grande, más bonito, más misterioso"?


Bellas ecuaciones

Acabo de incorporar a la infraestructura de este blog la facilidad de generar imágenes de expresiones matemáticas a partir de su definición mediante la sintaxis de LaTex.

Esto me va a permitir ilustrar con mayor comodidad algunos de los conceptos más algebraicos que puedan acompañar a los artículos venideros. Pero tranquilos, os prometo no abusar de cientifismo (ya me parece adivinar alguna que otra cara de incrédulo horror... ;-)

En cualquier caso, no quiero quedarme sin estrenar esta nueva funcionalidad, y qué mejor manera de hacerlo que con la que no hace mucho fue elegida como la ecuación más bella de todos los tiempos. Estamos hablando de la relación de Euler:

Esta fórmula, que debemos al matemático del siglo XVIII Leonhard Euler, tiene la virtud de describir con abrumadora sencillez una relación casi mágica entre los cinco números más emblemáticos de las matemáticas: el cero, el uno, la unidad imaginaria i y los números irracionales π (3,141592...) y e (2,718281...). En realidad, se trata de una particularización de la expresión más genérica para el caso del número π.

En la competición, la fórmula de Euler tuvo dignísimas rivales en ecuaciones como las de Maxwell (de las cuales se ha llegado a decir, con épica exageración, que son la pieza de conocimiento a salvar en caso de una hipotética hecatombe), Einstein (la archiconocida ), Schrödinger, Dirac o Shannon.

Mikel Agirregabiria, entre otros, describe con bastante detalle cómo fue el proceso de selección y votación a la propuesta de la revista Physics World para elegir la fórmula más distinguida del parnaso científico. Una pequeña selección de hermosas candidatas puede contemplarse en la galería de retratos matemáticos de Justin Mullins.

Por último, y en un sentido más lúdico, os dejo un enlace a uno de esos entretenimientos sin más próposito ni trascendencia que ofrece Internet. El apuntado en este caso nos permite dictar al mismísimo Albert Einstein cualquier anotación que queramos ver escrita en su ilustrísima pizarra: