Miércoles, 19 de noviembre de 2008 a las 23:59 - RAZONES
Descubrí que escribir software era mucho más difícil que cualquier otra cosa que había hecho en mi vida. Tenía que mantener tantas cosas a la vez en mi cabeza que no podía dejarlo ni empezar nada más.
(Donald Knuth)
Hoy ha tenido lugar una huelga y manifestación de informáticos como acto visible de protesta y reivindicación del estatus de la profesión frente a las decisiones y consecuencias del
Proceso de Bolonia.
En el fondo de la cuestión se mezclan
varios asuntos. Alguno de ellos viene peleándose de largo, como es el caso de la reivindicación de atribuciones profesionales, la equiparación al nivel de otras ingenierías, o el agravio comparativo en cuanto a la situación regulada de otras profesiones.
Desde mi perspectiva personal, como ingeniero industrial trabajando en el área de las tecnologías de la información, no estando de acuerdo con la excesiva regularización de las profesiones (que no deja de ser una medida de proteccionismo gremial con orígenes mucho más prosaicos que el pretendido ascetismo profesional), y siendo poco creyente (cada vez menos) de la meritoriedad de las universidades como avales del talento y la profesionalidad individual, sí que me gustaría, sin embargo, solidarizarme y romper una lanza en favor de una cuestión de fondo que aunque no se menciona directamente, creo que está presente en el corazón de esta marcha: la lucha por la dignidad de una profesión.
La ubicuidad de los sistemas y tecnologías de la información crece día a día, alcanzando todos los ámbitos y sectores. Llegará el momento (si no ha llegado ya) en el que de sistemas de software y ordenadores dependan aspectos críticos para la integridad de las personas tanto o más que en el caso de la construcción de edificios o puentes, para los cuales el arquitecto o ingeniero que firma el proyecto puede pagar con responsabilidad civil e incluso penal en el caso de existir imprudencias y errores con consecuencias.
Uno de los muchos problemas de la informática es que la presencia del error (a veces incontrolable, pero la mayoría de las veces resultado de la mala planificación y ejecución de los proyectos) se ha hecho tan familiar que se asume como algo propio e inherente a la profesión misma, dando lugar a paradojas como convertirlo en un
sello de "calidad" innovadora, o propagando su leyenda a la sociedad en forma de truculentas historias de errores informáticos tan listos como para plagiar a
Danielle Steel y echarle las culpas a
Ana Rosa Quintana.
Otro de los problemas es la fatua deducción a partir de la ubicuidad de los ordenadores en la vida moderna, de la existencia de una transversalidad generalizable en el conocimiento profundo de su ciencia. En su última entrevista en vida,
Randy Pausch (autor de la emotiva "
última lección"), defendía el nombre de "
Informática" o "
Ingeniería de la Información" frente a "
Ciencias de la Computación" (la "
Computer Science" predominante en el mundo anglosajón) por considerarlo más adecuado a la cultura de la disciplina. Yo estoy de acuerdo con él, porque desde mi punto de vista la informática no sólo trata de ordenadores, sino que engloba el concepto mucho mayor de
Información, con el tremendo grado de complejidad que implican su entendimiento, análisis, diseño e implementación real.
Una tercera pandemia, aunque no exclusiva del sector, es la abundancia de modelos de negocio basados en la prolongación de servicios en lugar de en la ejecución de proyectos con principio, fin, y el objetivo de generar productos de calidad. Es decir, a menudo la mayor rentabilidad de una empresa no procede del desarrollo de un buen producto, sino del mero hecho de perpetuar el proceso cobrando al cliente por la mayor cantidad posible de recursos aparentes y, de puertas adentro, empleando la menor cantidad posible de recursos reales.
En resumen, les deseo suerte a los manifestantes. Otros "intrusos" del sector no comparten mi opinión y parecen sentirse amenazados en el plano de la competencia laboral con las legítimas reivindicaciones de los informáticos de carrera. Personalmente no veo incompatibilidad en la convivencia, y creo que el beneficio colectivo del reconocimiento y regulación de la profesión (no tanto en el sentido de colegiaturas proteccionistas como en el de asunción de competencias y responsabilidades) puede ser mayor que cualquier inconveniente.
Manifestación de informáticos frente al Ministerio
Miércoles, 12 de noviembre de 2008 a las 16:21 - RAZONES
Un par de axiomas que conviene no olvidar:
- La autoridad no se impone; se gana.
- La autoridad puede delegarse, la responsabilidad no.
Lunes, 10 de noviembre de 2008 a las 23:53 - RAZONES
Recuerdo una anécdota de hace ya unos cuantos años, en la que un orgulloso compañero de clase nos aseguraba al resto que algún día llegaríamos a ver su nombre escrito en las enciclopedias, acompañando a la enumeración de los que sin duda serían sus muchos méritos.
—Tal vez— le dije yo, replicando con cierta ironía —pero no olvides que eso puede ocurrir por dos razones: que sean ciertas tus presunciones, o que el baremo de la enciclopedia se haga tan laxo que en él quepáis tú y
Cañita Brava.
Hasta donde yo sé, éste último personaje ya figura en la
gran enciclopedia universal de nuestro tiempo, mientras que aquel compañero aún sigue esperando su oportunidad de pasar a la posteridad.
El caso es que, aun cuando opino que el anonimato es cada vez más una virtud en alza ahora que, como bien decía
Brel,
en los periódicos de cualquier sitio todos los cerdos tienen su fotografía, si volviera a encontrarme con el enciclopédico frustrado le recomendaría, a modo de consuelo sucedáneo, escribir un blog.
Aunque no siempre ni por regla general, algunos blogs pueden llegar a ser como una lupa en las manos de un niño: capaces de magnificar la insignificancia, de encumbrar las más bajas morales o de ampliar a escala de
megaterio a cualquier minúscula hormiga (aun a riesgo, también es verdad, de acabar reduciéndola a cenizas a poco que la luz del sol incida en la dirección adecuada).
Como en la vida misma, a veces basta con estar en el lugar preciso en el momento apropiado. Pero es la propia democratización de la fama la que propicia también cierta
mediocrización. Al final, por la inmutable ley de conservación de los problemas, volvemos a estar en el punto de partida: la proporción de talento verdadero en el universo permanece constante, y lo que fue un pulso de momentánea claridad en la búsqueda de señales inteligentes de nuevo queda enmascarado bajo un denso e inabarcable océano de
ruido blanco.
Desolador paisaje, a los ojos de esta hormiga.
Martes, 9 de septiembre de 2008 a las 23:59 - RAZONES
Continuando con el hilo de la anotación anterior, creo que una conducta inteligente sería conocer primero las reglas para saber cuándo saltárselas, pero no al revés. Algunos ejemplos que se me ocurren:
- En el diseño gráfico: conocer las reglas, elementos y principios generales de la teoría estética, para después poder romperlos con buen juicio.
- En la creación musical: estudiar las normas y fundamentos de la armonía y la teoría musical; luego, si es necesario, buscar la experimentación fuera de los cánones convencionales (pero con conocimiento de causa).
- En el desarrollo de sistemas de software: dominar las teorías y metodologías formales (diseño, normalización, arquitectura, ingeniería), para intuir las situaciones especiales en las que una optimización requerirá apartarse de esos caminos y optar por rutas alternativas.
- En las normas de conducta: asumir como verdad de partida la hipótesis inculcada en nuestra infancia sobre la respetabilidad de las personas de más edad; luego ya descubriremos que la venerabilidad no se gana sólo por lucir canas, y que hay personas mayores perfectamente irrespetuosas e irrespetables.
La adopción de esa pauta y ese orden parece conferir una mayor dosis de sabiduría o coherencia a nuestros actos. Pero, en realidad, podría tratarse también de un mero ahorro de esfuerzo ya que, como en la elaboración de un modelo científico, suele resultar más sencillo acotar primero la generalidad e identificar después su alcance y las posibles excepciones.
Despúes de todo,
del rigor en la ciencia y la posibilidad de que las excepciones sobrepasen en número e importancia a las reglas, ya escribió
Borges un pequeño cuento:
En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el Mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el Mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el Tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y los Inviernos. En los Desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.
Lunes, 25 de agosto de 2008 a las 23:59 - RAZONES
[...] Hay muchas maneras de rebelarse, y sólo una pequeña minoría de éstas es sabia. Galileo fue un rebelde y fue sabio; los creyentes en la teoría de la Tierra plana son igualmente rebeldes pero son tontos. Existe un gran riesgo en la tendencia a suponer que la oposición a la autoridad es esencialmente meritoria y que las opiniones no convencionales están destinadas a ser correctas: ningún propósito útil se sirve rompiendo los postes de la luz en la calle o sosteniendo que Shakespeare no es poeta
(Bertrand Russell en "Educación y disciplina")