Telebasura

La televisión no es vulgar y lasciva porque la gente que compone la audiencia sea vulgar y lasciva. La televisión es así simplemente porque las personas suelen ser muy similares en sus intereses vulgares y lascivos, y ampliamente diferentes en sus intereses refinados, estéticos y nobles.(David Foster Wallace)


OVNI nº 4

Retomando la colección de Objetos Visuales No Identificados, aquí va el cuarto de la serie:

¿Qué crees que es el objeto de la fotografía? Si quieres ver la solución, sigue leyendo.

Sonambulismo temerario

Arriesgar sin medir los peligros no es ser valiente, sino inconsciente.(º L º)


Adivina "quién" viene esta noche


(Pues sí, The Who tocan esta noche en Madrid... y allí estaremos)


Mi experiencia con la "larga cola"

Antes de que alguien malinterprete el título de este artículo, me apresuraré a matizar que me estoy refiriendo a la Long Tail, es decir, al nuevo paradigma (propiciado en gran medida por las nuevas tecnologías) que está transformando la economía moderna y las dinámicas de producción y consumo, tal y como lo describe el interesante libro de Chris Anderson.

En abril del año 2000 tuve la ocurrencia de tomar una pequeña pieza de software que había desarrollado y ponerla a la venta, a un precio muy asequible, mediante un portal de servicios de distribución de shareware. El programa en cuestión no era nada revolucionario, pero venía a cubrir un cierto nicho en el mercado de la interactividad web (que por entonces aún no gozaba de todo el esplendor que hoy exhibe) y funcionalmente sí que tenía alguna ventaja competitiva con respecto a otros productos de su mismo género.

Mi intención original no era otra que la de experimentar con una iniciativa comercial, a modo de juego. Si de paso conseguía sacarme unas perrillas, pues mejor, pero la motivación principal fue la curiosidad. Para mi sorpresa, al poco tiempo de darle visibilidad, comenzó un modesto pero constante goteo de ventas, que poco más tarde se vio espoleado por la aparición y valoración favorable del producto en diversos portales agregadores de software.

El proyecto no me hizo millonario, desde luego, pero superó todas mis expectativas iniciales (que eran pocas). Después de casi dos años retiré el programa del mercado en un momento en que la Web había evolucionado y su nicho y razón de ser ya no tenían tanto sentido. Por aquel entonces se habían vendido ya algo más de 200 licencias en todo el mundo y, lo mejor de todo, sin más coste o esfuerzo que el par de meses que le había dedicado al desarrollo.

Países en los que se vendió el producto

En resumidas cuentas, fue una de las ideas más gratificantes que he llevado a cabo, y aún hoy en día me planteo seriamente repetir la experiencia (esta vez mucho más en serio) con algunos de los proyectos que siempre se me quedan en la recámara.

Estos días, leyendo el libro de Anderson me doy cuenta de que, aunque a muy pequeña escala, en mi caso particular se dieron cita las tres premisas básicas postuladas en el modelo de la larga cola, a saber:

  • Democratización de los medios de producción, que en mi caso fueron el lenguaje de programación Java y una serie de herramientas de uso libre y gratuito.
  • Democratización de la distribución, gracias al uso de Internet y de diversos agregadores como principal canal de distribución. Además, el hecho de se tratarse de un producto de software me convertía en un minorista digital puro, ubicado en la zona más óptima de la long tail y haciendo frente a costes prácticamente nulos.

  • Conexión de la oferta y la demanda, para lo cual apenas tuve que mover más hilos que el anuncio del producto en unos pocos lugares estratégicos de la red. La globalidad del mercado potencial hizo el resto, posibilitando que otras personas conocieran y se interesaran por un desarrollo que originalmente yo había llevado a cabo para cubrir una necesidad propia.

De la lectura (muy recomendable) se desprenden también otras interesantes y alentadoras reflexiones, como el desenmascaramiento de la diversidad de gustos y criterios cuando flaquean las fuerzas de la sistemática maquinaria que pretende imponerlos, o sobre la ubicuidad del talento, cada vez menos supeditado a la arrogancia de las superestrellas.