Soneto para un Robinson Crusoe

Hacia, y de mí, vienen pasos
de un meridiano camino;
piso donde pisé y sinos
por los que pasé, repaso.

Rieles son de mi destino
huellas que creí a mi espalda,
vías en que anduve al alba
y al ocaso aún no termino.

Náufrago en tierra soy; salva
sobre una malva cadáver,
sobre un cadáver sin alma.

Tumba errante donde cabe,
sin tripulación y en calma,
a la deriva, una nave.

Perteneciente a la colección "Las margaritas impares" (2001)


Una voz discordante

Hay partes de la cultura geek masculina y de la cultura ingenieril que son estúpidas. Deberían darse cuenta de que podrían estar rechazando a personas que son más inteligentes y mejores ingenieros.(Tim Berners-Lee, inventor de la World Wide Web)

Discriminatoria no sé; pero la verdad es que cansina y endogámica sí que puede llegar a ser, a veces, la vena geek.


La oscura Banda de Alejandro

(Una vieja foto de la banda, en concierto sobre el cielo madrileño)


Etimología del asesinato

Recuerdo haber leído en "Los paraísos artificiales" de Baudelaire, que la palabra asesino procede etimológicamente de la forma árabe hashshashín, que significa "consumidores de hachís". Para justificar esta correspondencia, el poeta francés aludía a su vez a las crónicas de Marco Polo acerca de la secta de los Nazaríes, fundada en Persia hacia 1090. Sobre su líder, escribía Baudelaire:

[...] el Viejo de la Montaña encerraba en un jardín lleno de delicias, tras haberlos embriagado de hachís (de ahí Haxixinos, o Asesinos) a sus discípulos más jóvenes a quienes quería dar una idea de paraíso, recompensa vislumbrada, por así decir, de una obediencia pasiva e irreflexiva.

Resulta desalentadora la cercanía de tales descripciones con respecto a ciertos acontecimientos actuales de notoria similitud, pese a que han transcurrido ya casi mil años de historia (que no de evolución, según parece). Incluso los personajes del drama se dan un cierto aire: aquel Viejo de las Montañas, y este otro líder de poblada barba que dicen aún anda escondiéndose por las montañas de Afganistán.

De los modernos discípulos, herederos de aquellos que tenían en el cannabis su sponsor, daba una versión diferente Jean Genet. Este polémico escritor, también francés, establecía una idealizada comparación entre la forma de vida de los jóvenes fedayines y la elección de Aquiles en "La Ilíada" por una vida rica pero corta. Lo hacía en su relato "4 horas en Chatila", crónica de otros macabros espectáculos de los que en estos días se cumple precisamente el 25º aniversario.

Otra perfecta demostración de que la obediencia pasiva, la irreflexión (ya sea a causa de psicotrópicos o de doctrinas), y todo el terror consecuente no son monopolio de un bando o de otro; más bien son la bandera que los enfrenta y que, a la vez, los hace más iguales en su ruindad.


Islas fantasma

Hace poco, después de releer el pequeño "cuento de la isla desconocida" de Saramago, me preguntaba yo si no existiría de verdad un lugar remoto en el que hallar el refugio de la soledad, lo más lejos posible de toda tierra civilizada.

En mi búsqueda, mucho menos poética y aventurada que la del protagonista del relato, descubrí que Bouvetøya, o la Isla Bouvet, a 3º 24' Este y 54º 26' Sur (en medio del Atlántico Sur) resulta ser la tierra más recóndita, o al menos la más alejada de cualquier otro punto terrenal pues, según los datos oficiales, dista más de mil millas de otras islas o continentes.

Sin embargo, al navegar rumbo a ella (con Google Earth) para contrastar dicha información, me encontré que aun las modernas cartografías hacían referencia a otra misteriosa isla que habría de estar a tan sólo unas 97 millas al este de la costa de Bouvetøya, cuando la realidad ante mis ojos evidenciaba que en aquel punto no había más nada que el tenebroso océano.

Y así, hilando y atando cabos, acabé por enterarme de que hubo todo un mundial archipiélago de hasta casi 60 islas fantasma que en otro tiempo se creyeron reales y figuraron en los mapas de la época (a diferencia de las tierras perdidas, que bien pudieron existir muy atrás en la historia, pero cuya extinción geológica las hizo desaparecer).

Y después de mi periplo pensé: en toda regla esto debe de ser eso que llaman navegar por Internet. Y como tal, no pude menos que anotarlo en mi cuaderno de bitácora.

Bouvetøya, la isla más remota del planeta