Pájaros en el desierto

Enfrascados en trivial conversación y distraídos de su bandada, dos pájaros perdieron el rumbo migratorio y pronto se encontraron solos, perdidos y sobrevolando lo que parecía un inmenso desierto.

El plumaje de ambas aves (galones de su jerarquía) revelaba que ambas ostentaban el mismo rango y edad, aunque una de ellas, de aspecto más decidido, parecía llevar la voz cantante:

—Vaya, nos hemos debido de quedar rezagados— dijo Pico Afilado, que así se llamaba.
—¿Y ahora que hacemos?— Preguntó con tono algo temeroso Pluma Ligera.
—No importa, ya les daremos alcance.

Así que siguieron volando durante toda una jornada, hasta que se les echó encima la noche. Sabedores de los peligros que para alguien de su especie supondría posarse sobre suelo raso, y ante la falta de otro cobijo o resguardo que no fuera la propia arena del desierto, no les quedó más remedio que pasar la noche planeando en círculo y cerrando a ratos los ojos para tratar de descansar. A la mañana siguiente, cuando los primeros rayos del sol empezaban a recortar la silueta de las dunas, Pluma Ligera preguntó:

—¿Dónde estamos, Pico Afilado? No alcanzo a ver otra cosa que desierto en todas direcciones.
—Mentiría si te dijera que lo sé, pero debemos seguir el camino.
—Sí, aunque mis alas empiezan a estar cansadas, y mi garganta sedienta.

De forma idéntica prosiguieron su marcha durante varios días y varias noches más, mientras el calor del sol, el frío de las estrellas y el vacío del paisaje castigaban sus cada vez más agotados cuerpos y sus cada vez más desesperadas mentes.

—No puedo más— Gimió Pluma Ligera.
—¡Aguanta un poco!— Le animó Pico Afilado —Creo que allí a lo lejos he visto algo.

Y así era. En el horizonte divisaron la única irregularidad en el paisaje que habían visto durante los últimos días. Conforme se fueron acercando pudieron comprobar que se trataba de un pequeño árbol. Un árbol cuyas ramas parecían muertas y completamente secas. Pero un árbol sobre el que posarse, al fin y al cabo.

Con mucho esfuerzo lo alcanzaron y aterrizaron, exhaustos, sobre una de sus ramas. Sus secas gargantas tardaron en poder articular una palabra, así que permanecieron durante un rato en silencio, recuperando el aliento en medio de aquel paraje solitario. Por fin, después de una larga pausa, Pluma Ligera comenzó a sollozar:

—¡Es inútil, jamás lo conseguiremos!
—¡No te rindas aún! Aunque esté seco, si hay un árbol es porque alguna vez hubo agua, y quizá la haya, todavía, no muy lejos de aquí.
—¡Pero no sabemos dónde estamos! ¡Y sigue sin haber nada más alrededor!

Esta vez Pico Afilado, empezando a comprender la certidumbre de aquellas palabras, no replicó. Pasaron las horas, y ambos pájaros permanecían allí posados, inmóviles, sin fuerzas para reemprender el camino y con poca esperanza de encontrar bebida y alimentos.

De pronto, cuando el sol desplegaba todo su calor, Pico Afilado creyó ver a lo lejos lo que parecía un pequeño oasis de líquido.

—¡Mira allí, Pluma Ligera! ¡Allí hay agua!
—¿Estás seguro? Podría tratarse de un espejismo. Una vez oí a Gran Garra hablar de esas engañosas alucinaciones.
—Sólo hay una manera de saberlo: tenemos que llegar hasta allí.
—Pero piénsalo, ¿y si no hay agua realmente?
—No hay tiempo para pensar.
—¡Es peligroso hacer las cosas sin pensar!
—También puede serlo pensarlas demasiado...

Dicho esto, Pico Afilado agitó sus alas para alzar el vuelo y se encaminó hacia la imagen del oasis mientras Pluma Ligera, que permanecía inmóvil y atenazado por el miedo, le observaba alejarse. La euforia, o quizás ya la locura, impulsaba a Pico Afilado. Pero su agotamiento era tal que, cuando parecía estar ya a tan sólo unos metros de su ansiado destino, desfalleció y cayó muerto al suelo.

Con terror, Pluma Ligera había observado la escena desde el árbol. Empezó a preguntarse si acaso él mismo sería capaz de llegar al oasis, o sí le ocurriría como a Pico Afilado, o si tal vez aquella laguna en el horizonte era sólo una ilusión imaginaria. Entre dudas e indecisión, se le agotó el tiempo. Pronto la inanición arrebató su último suspiro, y al fin se le escapó la vida.

Y allí, puntuales a su cita con la muerte, quedaron sus cuerpos inertes, sufriendo idéntica suerte aun en su distinto y vano intento de evitarla: pues si uno la esperó, el otro fue a buscarla.

Recreación de un viejo relato que alguna vez llegó a mis oídos, y del que no recuerdo el título real, ni el autor, ni más información que la de la historia narrada en la propia fábula.


Escultura metacúbica

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(Resultante de la intersección lógica tridimensional de las letras G, E y B)


Nuevo año

Para el año entrante, Adam Sporka ha preparado una nueva edición del Thumb Calendar (o calendario de pulgares), que es una evolución y mejora del calendario compacto que se presentó aquí, allá por enero de 2007, con motivo de la convocatoria realizada por Eliazar (quién también planteó su propio rediseño Pabón-Sporka ;-)

El objetivo del reto, publicado en Infosthetics, era obtener un calendario de bolsillo que aprovechase el reducido espacio, en términos de legibilidad, algo mejor que las soluciones convencionales.

Y el resultado, a parte de una buena muestra de diseño colaborativo, es esta práctica tarjeta, impresa por ambas caras, que permite consultar las fechas de cualquier mes del año sin más que sostenerla con ambas manos, delimitando con los pulgares aquel mes que sea foco de nuestra atención.


Primicia mundial


Xmas

Soy bastante perezoso a la hora de escribir felicitaciones navideñas, pero tener amigos con mucha más voluntad y talento me ha dado la oportunidad de coleccionar, a lo largo de los años, auténticas joyas de este peculiar género.

Como en la galería de un museo, conservo con cariño estas tarjetas, no con la intención de que el tiempo encumbre la obras de estos artistas (podría hacerlo bien merecidamente), sino por su valor presente en términos de amistad.

En este nuevo año, que se presenta cargado de grandes acontecimientos, vayan mis mejores deseos y mi gratitud para Marta, Josete, Nieves, Fran, Raquel y Silvia. También para Carlos, mi particular tío Matt, por su sempiterna correspondencia. Y para mi hermana y mis sobrinos por su fidelidad a esta noble tradición.