Google Developer Day

Hoy he tenido la ocasión de asistir en Madrid al evento para desarrolladores de software que Google organizaba de manera simultánea en 10 ciudades del mundo. Lo he hecho en buena compañía (1, 2 y 3) y allí hemos acabado rodeados de (o reunidos con) todas las subespecies de frikis que a uno le puedan venir a la cabeza.

El acontecimiento venía ya con todos los ingredientes necesarios para satisfacer a la audiencia a la que estaba destinado, y en tal ambiente no ha resultado extraño encontrar a talluditos treintañeros recordando sus tiempos de Juvenalia al recibir con entusiasmo obsequios y zarandajas como cuadernos, camisetas, y hasta pequeños helicópteros teledirigidos.

La puesta en escena ha estado bien, pero los contenidos algo desiguales, incluyendo alguna presentación bastante impresentable. Para mis lectores más técnicos: de lo que he tenido oportunidad de ver, me quedo con la interesante novedad de Google Gears (que habrá que seguir muy de cerca) y con la consolidación de GData para hacer de la Red la plataforma.

Posicionamiento en buscadores (fotografiado por Esteban Trigos)


Abarcar y apretar

Aunque el tigre, el caballo o el delfín parecerían opciones mucho más atractivas, cuando alguna vez me han preguntado con qué animal me siento más identificado, he solido responder que con el pato. ¿Por qué? pues por lo siguiente:

  • El pato puede caminar, y aunque sus andares pueden ser merecedores de la expresión "como un pato mareado", no llega a la torpeza del albatros que narraba Baudelaire.
  • El pato también sabe nadar dignamente, e incluso zambullirse sin reparos bajo el agua, a pesar de no ostentar la plusmarca mundial de apnea.
  • Y el pato también es capaz de volar, quizá no tan veloz como un halcón peregrino, pero sí lo suficientemente bien como para llegar bastante alto y bastante lejos.

En resumen, el pato no es el mayor experto en ninguna de esas disciplinas, pero se defiende mejor o peor en todas, pudiendo incluso llegar a pertenecer al grupo aventajado en alguna de ellas.

Todo esto viene al hilo del enfrentamiento entre los paradigmas de la especialización y la generalización. El refrán popular dice que quien mucho abarca, poco aprieta, lo cual puede ser cierto en los casos donde la unidad básica de combustible es material y finita. Si estamos hablando de tiempo o esfuerzo, por ejemplo, está claro que el reparto es sustractivo, y si uno los invierte en muchas cosas dispersas, difícilmente alcanzará gran intensidad en ninguna de ellas.

Pero creo que hay otros tipos de abarcadura que escapan de esa norma, y uno de ellos es el conocimiento (el afecto podría ser otro). Su naturaleza es bien distinta porque, por un lado, no tiene una limitación material conocida (o si la tiene, la frontera ha de estar muy lejana) y, por otra parte, su carácter es aditivo. Aludiendo a otro refrán, no es sólo que el saber no ocupe lugar, sino que el saber ayuda a abrir hueco para la llegada de más conocimiento.

Sin llegar a los terrenos de la Teoría del todo (donde me perdería casi por completo), es posible encontrar ejemplos más asequibles de conocimiento unificador. Así, por ejemplo, se sabe que un mismo esquema de ecuaciones diferenciales puede llegar a representar con asombrosa similitud las dinámicas de un cultivo bacteriano, un modelo económico, o un sistema de regulación automática.

También es justo reconocer que hay doctrinas que son más semejantes y otras más distanciadas para cuyo enfoque es necesario cambiar de lentes. Por ejemplo, a un estudiante de álgebra lineal y cálculo infinitesimal, la matemática de la contabilidad por partida doble le puede resultar al principio más chocante e incómoda que a otra mente menos condicionada y más virgen.

En fin, supongo que como en el ecosistema de la naturaleza, es necesario que haya de todo: abejas que van de flor en flor, langostas que devoran los cultivos hasta dejarlos exhaustos, e ingenieros que opinamos de todo, pero realmente no sabemos de nada.

Autómata digestivo de Vaucanson (a.k.a. "El pato cagón de Francia")


Agudeza visual

Pregunta: ¿qué cuatro desgarbados transeúntes cruzaban por este paso de peatones el 8 de agosto de 1969?

(Fotografia aérea por cortesía de Live Search)

Si quieres confirmar tus sospechas, sigue leyendo...

Las real-idealidades

Finalizadas ya estas elecciones autonómicas y municipales, donde todos parecen haber salido triunfantes (¿será que cada uno ve una realidad diferente, es decir, su "realidealidad"?), esperemos que el tormento mediático cese y nos dejen tranquilos. Aunque, estando las generales a tiro de piedra, me parece que todavía nos quedan unos mesecitos finos.

Confieso que los únicos datos que he seguido con cierto interés durante esta campaña han sido los de Redondela, el pequeño concello de Pontevedra donde una liga vecinal proponía el voto nulo como voto útil y, entre sus argumentos, se hacían eco del artículo que publiqué en estas páginas al respecto.

Finalizado el recuento han alcanzado una nada desdeñable cifra del 9,66% (cuando lo habitual suele ser menos del 0,5%) que, si no se me escapa algún detalle de la ley D'Hondt, los situaría teóricamente como quinta fuerza "a"política, por delante incluso de algún que otro partido de ámbito nacional. Desde aquí les felicito por los resultados y, sobre todo, por esa iniciativa para tratar de recuperar del verdadero sentido de la política, según la novena acepción del Diccionario de la Real Academia Española.

Y después de todo esto, me gustaría no volver a escribir aquí sobre política en una larga temporada. Muchos otros blogs ya se dedican a ello y lo hacen mucho mejor. Lo bueno es que hay una amplia gama donde elegir: desde el más aséptico y educado hasta el más sectario y fundamentalista. Lo malo, al menos para mí, es que su lectura acaba provocándome dolor de cabeza y malestar general.

Así pues, permitidme que en este espacio personal y virtual evite ciertos temas. Al omitirlos sólo pretendo apaciguar su paisaje para hacerlo más agradable a mis propios ojos. Al fin y al cabo ¿no tengo yo también derecho a mi propia realidealidad?


Jornada de reflexión