Sábado, 18 de noviembre de 2006 a las 02:47 - IMPULSOS
A lo largo de mi dilatada trayectoria como persona de carácter más bien reservado, he podido comprobar que el silencio le hace a uno parecer más interesante. De hecho, antes de arrancar este diario público, se me planteó la duda de si este proyecto le haría bien a ese halo de misterio que alguna vez me han asignado. Por suerte (o por desgracia), ya no tengo edad para esos coqueteos, así que las motivaciones de mi presencia en este medio son muy otras.
El hecho de ser callado parece inducir en los demás un estímulo de al menos dos de las cualidades inherentes a la condición humana: la curiosidad y la imaginación. Si se es reservado, la gente puede pensar que uno está economizando intencionadamente su capacidad o talento potencial. También pueden pensar que se oculta un grave secreto cuya revelación causaría estragos, o que se está tramando algún maquiavélico plan perfectamente trazado. La realidad suele ser mucho más triste y aburrida: no hablar mucho suele significar, ni más ni menos, que se tiene poco que decir. Lo que pasa es que cuando alguien callado habla, el eco de las palabras en su silencioso historial parece hacerlas resonar magnificando su importancia.
Desde luego hay muchas y variadas motivaciones para el silencio. Se puede guardar silencio por respeto, por miedo, por enfado, por desinterés, por abandono, por hastío o
ennui, por corrección política, por obligación, etc. En cualquier caso, usar pocas palabras no significa necesariamente ser poco comunicativo. En la conversación, como en la música, los silencios son parte constituyente de la melodía. Además, es raro que el mensaje sólo esté compuesto por lenguaje verbal.
Personalmente creo que la moderación en las palabras es una manifestación de prudencia, respeto y escucha activa. No en vano era una de las
trece virtudes que recomendaba Benjamín Franklin (virtudes procedentes del pensamiento griego y la moral cristiana, pero con bastante grado de universalidad y similitud con lo proclamado por otras culturas y filosofías, como las orientales).
Claro que, se corre también el riesgo, si se lleva demasiado al extremo, de acabar pareciendo simple o corto de mente. Aún así, seguiría siendo de aplicación esa vieja máxima que dice que más vale permanecer en silencio y parecer tonto, que abrir la boca para disipar toda duda. Así que ya me callo.
Martes, 14 de noviembre de 2006 a las 05:42 - RAZONES
Hace tan sólo 45 años y 7 meses, otro Luis Pabón (mi padre) anotaba lo siguiente en su cuaderno de escolar:

Sobra cualquier otra palabra.
Domingo, 12 de noviembre de 2006 a las 22:16 - ESPACIOS
Como todo adolescente, también yo tuve mi época idealista de querer cambiar el mundo. En realidad, es probable que este blog no sea sino una evolucionada prolongación de aquel germen; aunque ahora mis aspiraciones sean más locales y sosegadas, habiendo desistido de arreglar el planeta y conformándome con llegar a comprender, en la medida de lo posible, las pequeñas y cercanas cosas que me rodean.
Uno de los cauces expresivos por los que discurría mi entusiasmo de juventud fue la música. Nunca he pasado de ser un simple aficionado, sin conocimientos ni práctica del formalismo musical. Pero ello no ha impedido que, a pesar de la imperfección de las formas, aquellas horas invertidas en la elaboración de toscas grabaciones hayan adquirido, como los vinos viejos, cierto valor intrínseco.
Ahora, desde la lejanía temporal, esas composiciones cumplen una poderosa función evocadora. Me basta con escuchar los primeros compases de cualquiera de ellas para rememorar con abrumadora exactitud los pensamientos y sensaciones que pasaban por mi cabeza en el momento de escribirla. Es el recuerdo de una época ingenua y, por tanto, valiente; una época de amigos implicados en proyectos tanto más valiosos cuanto más imposibles y absurdos.
No me considero especialmente nostálgico, pero me alegro del legado que generó aquel diario sonoro. A veces es necesario refrescar la memoria para no dejarse envejecer porque, aplicando a la juventud lo que Benavente escribía para el amor, se podría decir que es ésta es como Don Quijote: cuando recobra el juicio, es que está para morir.
Atraco y fuga en cuatro tiempos
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| Fecha |
1994 |
| Duración |
2:42 |
| Calidad |
128 kbps (44 kHz, estéreo) |
| Tamaño |
2.48 Mb |
Domingo, 12 de noviembre de 2006 a las 01:14 - PALABRAS
Esta semana he podido disfrutar la obra "Mi misterio del interior" de la compañía Ron Lalá en el teatro Alfil de Madrid. En esta buena pieza de humor, música e ingenio, uno de los sketches más memorables es el del hombre que habla con frases capicúas.
Un
palíndromo es una palabra o frase que se lee igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda, como el archiconocido
"Dábale arroz a la zorra el abad". Escuchando los hilarantes diálogos de la escena, me vino a la memoria mi vieja incursión de hace unos años en las frases simétricas y otros juegos de palabras similares. De alguno de aquellos ejercicios con las letras salió algún que otro palíndromo curioso, pero no tardé en desistir de mi pasatiempo al descubrir la gran labor creativa y recopilatoria de
Víctor Carbajo, un auténtico merecedor del calificativo "hombre palíndromo".
Otro de los juegos que investigué hace tiempo, a raíz de la lectura de un artículo de
A. K. Dewdney en la versión española de la revista
Scientific American, fue el de los
anagramas (palabras o frases que resultan de la transposición de letras de otras palabras o frases, como por ejemplo "entropía" y "proteina"). Ahora incluso pueden encontrarse en internet
generadores anagramáticos como los que proponía Dewdney allá por 1984. La
heurística, o idea feliz para la eficacia un algoritmo de tales propósitos, es la construcción y utilización de un diccionario de palabras clasificadas por una
signatura basada en sus letras ordenadas alfabéticamente (por ejemplo, la signatura de "entropía" sería "aeinoprt"), lo que facilita enormemente las búsquedas.
Las letras, como ADN de las palabras, son la materia prima para estos juegos y resulta interesante comprobar hasta donde puede llegar la parte puramente lúdica del lenguaje.
Jueves, 9 de noviembre de 2006 a las 04:47 - PALABRAS
El universo es un poema de un solo renglón.
Perteneciente a la colección "Las margaritas impares" (2001)