El cementerio

—¿De quién es esa tumba, sepulturero,
sobre la que vigila un ángel custodio?
—Es la de un infeliz que creyó que el dinero
iba a salvar su alma llena de odio.

—¿De quién es esa tumba con placa dorada,
que reza la nobleza de quien dentro yace?
—Esa es la de una dama de sangre patricia;
pudriéndose estará, requiestcat in pace.

—¿De quién es esa tumba llena de flores
de cien aromas distintos; de cien colores?
—Es la de una muchacha que cien novios tuvo,
pero a ninguno quiso y su flor retuvo.

—¿De quién es esa tumba tan olvidada,
esa que nadie cuida, esa que nadie guarda?
—Esa es la de un poeta del romanticismo;
su último verso fué saltar a un abismo.

—¿De quién es esa tumba donde hay tanta gente
que se fotografía con gesto sonriente?
—Esa es la de un pintor del que hoy se hace fortuna;
murió de hambre y más solo que la una.

—¿De quién es esa fosa sin habitante
que por estar vacía inspira respeto?
—Esa es la que, algún día, tú, visitante
has de llenar sin pena con tu esqueleto.

Perteneciente una colección de canciones de 1996


Geek art

(Treinta años con "Star Wars" y veinte sin Warhol)


Lo importante es la integral

Pero cuando yo estoy despierto, estoy mucho más despierto que usted.(Respuesta de Unamuno, al ser cuestionada su propensión al descanso)

Puede parecer paradójico, pero no lo es, que uno de los motivos de mi interés por la mejora de la productividad en el trabajo sea precisamente mi necesidad de descanso. Como en una inversión a fondo ganado, se trata de trabajar duro para poder holgazanear.

Desafortunadamente, la perspectiva española en este asunto viene siendo diferente. En ella es tradición confundir la extensión de la jornada laboral con el rendimiento efectivo del trabajo, y a menudo se toman como méritos y estandartes de la machada hispánica los sobreesfuerzos maratonianos de última hora, cuando en realidad corresponden a graves fracasos en la gestión o a omisiones y abusos en la planificación.

Personalmente, soy el primero en disfrutar de un trabajo bien hecho (tanto en cantidad como en calidad) y, modestia aparte, no creo estar precisamente mal situado en un hipotético ranking de rendimiento y productividad. Pese a ello, alguna vez me he encontrado en la tesitura de tener que dar explicaciones sobre lo que creo es un buen hábito laboral frente a otras actitudes más vistosas en cómputo horario (que no en resultados).

En mi experiencia he encontrado que, salvo contadas excepciones que tampoco considero demasiado saludables, el alargamiento artificial de la jornada laboral propicia una serie de vicios y conductas contraproducentes como el pasilleo, la desatención, las interrupciones frecuentes, la tendencia al funcionariazgo y el trabajo condicionado a la visibilidad.

Exponiéndolo gráficamente se podría caracterizar el trabajo individual diario (w) como la integral de la curva trazada en representación de la productividad instantánea (p) a lo largo del tiempo (t) de la jornada de trabajo:

Figura 1 - Representación de una jornada de trabajo concentrada y otra dispersa.

Según este modelo, lo lógico sería preocuparse de optimizar dicha integral, propiciando por un lado el aumento de la capacidad personal, o productividad máxima (pmax) y, por otra parte, procurando una jornada continua y homogénea, manteniendo la concentración y el desempeño en unos valores máximos cercanos a dicha capacidad (Ejemplo A).

Por el contrario, resulta muy común (entre quienes tienen la responsabilidad de hacer este tipo de valoraciones) caer en la simplificación de olvidarse de toda dimensión que no sea la extensión sobre el eje temporal, y dar por buenas y ejemplares aquellas conductas como la representada en el ejemplo B, aún cuando el área efectiva de la curva sea notablemente inferior en este caso.

Puesto que, por mucho que algunos quisieran, el día tiene 24 horas como límite inamovible, una jornada del primer tipo fomenta un hábito de adecuado equilibrio entre trabajo y descanso, dando lugar al óptimo aprovechamiento de aquellos periodos en los que uno se encuentra más fresco.

Además, cuando se considera el trabajo en equipo, la necesidad del primer enfoque se multiplica, pues la curva de rendimiento y productividad de un equipo en el que se requiere coordinación y trabajo conjunto, se compone a partir de las áreas comunes resultantes de la intersección de todas las curvas individuales. Así, mientras que en una jornada homogénea y de horario bien definido todos los miembros compartirían amplias regiones de trabajo efectivo, con una actitud de carácter discontinuo la yuxtaposición de trabajo (e incluso de disponibilidades) sería mucho más dispersa y débil.

A pesar de estas valoraciones, es posible que el cambio cultural y de mentalidad no termine de llegar nunca, por lo que tendremos que seguir batallando en escenarios donde la visibilidad se impone a la facultad. En esos casos, el don de la palabra, la queja y la propaganda todavía pueden hacer mucho más por tu consideración laboral que cualquier otro argumento, así que no subestimes su poder...

Feliz Día de los Trabajadores.


El comienzo de una vieja era

Parece que fue ayer, pero estos días ya se cumple el 25 aniversario del ZX Spectrum, ese microordenador de 8 bits, memoria de 48 "kas" y teclas de goma con el que muchos nos iniciamos en esto de la cibernética. Eso significa que dentro de poco yo también habré cumplido nada menos que cinco lustros de convivencia, afición, vocación y trabajo con estas dichosas maquinitas.

Aún recuerdo la primera vez: yo tenía 10 años, era el día de Reyes de 1983 y allí estaba aquella extraña mezcla entre calculadora y máquina de escribir que mi padre decía haberse autoregalado. Después de conectarlo al televisor y encenderlo con mucho cuidado, en aquel trascendente acto que iba a significar mi primera palabra tecleada en un ordenador, me dispuse a pulsar la secuencia de botones que supuse escribiría mi nombre.

Fue en aquel preciso instante cuando comenzó mi forzosa comprensión (aún vigente a día de hoy) de que los ordenadores son engendros de comportamientos inesperados pues, en lugar de mi nombre, sobre la pantalla apareció un misterioso y desafiante mensaje:

"Será un largo camino", pensé.


Estudios estadísticos

355 de cada 113 matemáticos son aproximadamente Pi.(º L º)