Flujos de trabajo

En las últimas anotaciones me habéis visto alegar el trabajo como causa de la ralentización de la actividad de este blog. Dentro de unos días espero poder contaros detalles concretos sobre alguno de los proyectos con los que he estado atareado.

Mientras tanto, aquí os dejo un esquema general de lo que viene siendo el workflow de mi cadena de producción como profesional autónomo en Metagrama. Seguro que algún otro chinchinero, hombre-orquesta o one-man-band también reconocerá los distintos estados de este flujograma (y a buen seguro identificará el apartado de "Cambios" como uno de los principales puntos de conflicto con el cliente, a la hora de valorar quien asume su coste):

Mi flujo de trabajo como autónomo (haz clic para ampliar)

Si echáis en falta algún detalle relevante (dejando al margen las tareas más laterales o administrativas), hacédmelo saber para completar el diagrama. Por mi parte, intentaré seguir publicando algunas otras herramientas improvisadas que utilizo en la gestión de mis quehaceres profesionales para ubicarme y saber por dónde ando.


RGB

Rojo, verde y azul en las inmediaciones del Etna


Logística de la pereza

Hasta lo dicen en Microsiervos: "la entropía ya no es lo que era". Y es que este florido y hermoso mes de mayo ha traído una notable rebaja en la actividad del blog, como ya advertí, por otra parte, hace unas semanas.

La culpa no es de la pereza, sino de ese cha-cha-chá de trabajos y proyectos que se empeñan simultanear sus embestidas sobre este sobrecargado autónomo que os escribe. Pero dejémonos de lamentos (como decían unos queridos compañeros de equipo: llorado se viene de casa), y hablemos del pecado capital que da título a esta anotación, aunque de una forma un poco sui generis.

La cuestión que quiero plantear no es acerca de la mera procrastinación por motivos placenteros, sino sobre cuándo es objetivamente más eficiente postergar una tarea en lugar de hacerla en el momento.

Para empezar, en algunas situaciones particulares se puede demostrar que de las posibles acciones alternativas, la de menos esfuerzo es la más rentable. Tal es el caso de esperar el autobús en la parada, en lugar de echar a andar hacia la siguiente parada (eficiencia individual). O de permanecer en misma cola de la caja del supermercado en lugar de cambiarnos a otra que aparentemente avanza más rápido (eficiencia colectiva), asumiendo que el resto de personas también son lo suficientemente inteligentes como para reconocer y perseguir una posición ventajosa.

Pero también cuando la tarea a realizar no es opcional, sino necesaria, puede haber cierta ventaja en retrasar su ejecución. El ejemplo más claro es cuando esa tarea forma parte de un conjunto mayor de tareas similares y podemos obtener un mejor rendimiento acumulando unas cuantas antes de realizarlas todas juntas en lote. Entraríamos así en el terreno de la teoría de los buffers (o acumuladores). Esto lo saben bien quienes se ocupan de la prolija gestión de las cadenas de abastecimiento (supply chains) en procesos industriales, pero también se refleja en conceptos más sencillos como, por ejemplo, la regla de los 2 minutos del sistema GTD para optimizar el tiempo personal.

En su expresión más formal, la optimización de buffers no es un tema sencillo, pues ha de tratar con cuestiones como la elección del tamaño de los mismos (en cantidad o en tiempo de elementos a acumular), el número de buffers necesarios para alcanzar cierta meta en la cadena de producción (lo que se denomina problema primario), o cómo debería ser la distribución de dichos acumuladores entre las estaciones de trabajo (problema dual). Todos estos parámetros están estrechamente relacionados entre sí.

Pero quedándonos con la aplicación simplificada y doméstica de acumular tareas para hacerlas más tarde, el problema se centraría precisamente en determinar ese tamaño o tiempo de buffer en función de nuestra apreciación subjetiva de los costes de acumulación, preparación y ejecución de las tareas.

Precisamente en el terreno de las tareas domésticas, a menudo salta la controversia entre las personas que conviven en el mismo hogar, por la diferente apreciación subjetiva de dichos costes. Más concretamente, en el caso de la vida en pareja (llamémoslos procesos E1 y E114), se suele asociar la masculinidad a un tamaño de buffer notablemente mayor a la hora de postergar las labores de la casa. Toda estadística tiene sus excepciones, pero confieso que en este caso yo no soy una de ellas.

En fin, habría mucho más que analizar, y de forma más exhaustiva, pero de tanto hablar de pereza, al final algo se me ha contagiado.


Arcaicos píxeles madrileños

Hoy, 2 de mayo, festividad de la Comunidad de Madrid, traigo una imagen directamente sacada de mi viejo arcón de los bits antiguos. Se trata de una remota ilustración que realicé hace más de 20 años sobre un ZX Spectrum, con motivo de un modesto concurso que se celebraba en un colegio local.

Por aquel entonces, con una pantalla efectiva de 256 x 192 píxeles, y una paleta de 16 colores limitados a mezclarse por parejas el bloques de 8 x 8, pensar en algo como el Photoshop actual entraba casi dentro de los dominios de la ciencia ficción. Aunque había alguna herramienta de apoyo muy rudimentaria (recuerdo el "Artist" de Dinamic), los grafismos de ordenador eran una verdadera labor de artesanía puntillista.

La Cibeles, vista por un ZX Spectrum


Discontinuidades

Durante este mes que termina, mi actividad en el blog no ha sido demasiado prolija. No es por causa de la desidia o de la falta de temas, sino por la exigente dedicación a esas otras ocupaciones que me dan de comer. Es probable que la situación se prolongue un poco más, ahora que hay algunos nuevos e interesantes proyectos laborales a la vista que sin duda me mantendrán atareado.

En cualquier caso, procuraré buscar un hueco de vez en cuando para mantener activas estas páginas. Para empezar, antes de emprender los nuevos retos haré una breve escapada que tenía programada al lugar donde los cíclopes fraguaron el rayo de Zeus. Será mi tercera estancia en Italia, esta vez para visitar La Sicilia de las faldas del Etna, que era una de mis regiones pendientes. Así que ya os contaré algo de aquellos paisajes en unos pocos días. Hasta entonces, disfrutad del puente los que lo tengáis.

Algunos de mis anteriores recuerdos de Italia