Memorabilia

Revisando el contenido de varias cajas con trastos viejos me he reencontrado con algunos de los álbumes de cromos de mi infancia: Mazinger Z, La abeja Maya, Heidi, Marco, e incluso la colección de 1977 de "La guerra de las galaxias". Su completitud y buen estado de conservación se los tengo que agradecer a mi hermana porque, siendo yo más pequeño y desordenado, solía ser ella la encargada de pegar los cromos.

En algunos casos es emocionante, sobre todo por lo inesperado, recuperar un objeto que evoca de forma instantánea un aluvión recuerdos y sensaciones que parecían casi tan distantes como la muy, muy lejana galaxia. Pero otras veces entraña cierto peligro porque, igual que los rememora, puede destruir la imagen idealizada que teníamos de ellos.

La mente humana almacena el pasado en forma de recuerdos pero, quizá por su instinto autoprotector, poco a poco va limando los vértices imperfectos e inquietantes. En ella se desvanece lo vano y transitorio, reservando así el privilegio de la persistencia sólo a las cosas hermosas (o a los aspectos menos dañinos, en caso de recuerdos trágicos o negativos). Es el poder mágico del pasado, que no cambia ni se altera.

Las nuevas tecnologías facilitan el reencuentro con muchos de los objetos, escenas y paisajes que decoraban nuestro pasado pero, personalmente, tengo la impresión de que esa fácil accesibilidad acaba con buena parte de su encanto.

¿Cuántas veces no hemos retomado un antiguo juguete, revisado una vieja película, o revisitado un lugar de nuestro pasado y hemos acabado pensando "Entonces me parecía mucho más divertido", "Cómo pudo fascinarme una historia tan burda" o "Lo recordaba más grande, más bonito, más misterioso"?


El efecto Droste

Ahora que en Madrid todavía estamos a tiempo de disfrutar a Escher, sea esta imagen mi modesto tributo personal al efecto Droste (expresión de origen alemán que alude a cierto tipo de imágenes recursivas, tal y como recordaban hace unos días en Microsiervos). La relación entre este peculiar juego visual y la obra del artista holandés la describe muy bien un articulo que puede encontrarse en Juegos de Ingenio.

Yo ya había tonteado alguna que otra vez con este tipo de fotografías, pero hasta ahora me había limitado a realizar las composiciones de forma más bien artesanal o aprovechando efectos ópticos naturales como la reflexión infinita entre dos espejos enfrentados.

Intrigado por la matemática del asunto, habitada por logaritmos, exponenciales y números imaginarios, y ayudado por la información que sobre el tema puede encontrarse en Internet, he podido llevar a la práctica las fórmulas oportunas para automatizar un poco el proceso.

Por supuesto, Flickr es el lugar idóneo para encontrar más fotografías sobre este interesante fenómeno geométrico.


Amor eterno


Escala laboral

Me acabo de acordar de algo que mi profesor de Administración de Empresas (un serio y venerable ex-ejecutivo de Rumasa) dibujó un día en la pizarra, con una proporcionada mezcla de humor y verdad. Era algo así:


Derechos del lector

  1. Derecho a no leer.
  2. Derecho a saltarse las páginas.
  3. Derecho a terminar un libro.
  4. Derecho a releer.
  5. Derecho a leer cualquier cosa.
  6. Derecho al bovarismo.
  7. Derecho a leer en cualquier parte.
  8. Derecho a picotear.
  9. Derecho a leer en voz alta.
  10. Derecho a callar.

Extraído de "Como una novela" (Daniel Pennac, 1996).