Sortilegio

Una pequeña bruja, de cuya hechizería soy cautivo desde un solsticio de verano, me dijo en una ocasión:


Decidida a encontrar el sentido de la vida,
resolví desvelar mi pócima escondida:

Con un poco de
sarna con gusto,
pájaro en mano,
tres en un burro y
ave que no vuela,
sólo consegirás sentirte
como una mona vestida de seda.

Con una pizca de
perro flaco,
caballo regalado,
burro grande y
pan con pan,
conseguirás echar
pelillos a la mar.

Algo de
ojos que no ven,
oídos sordos,
pan para hoy y
mala hierba,
te darán la felicidad
de la mujer eterna.

Con
perro ladrador,
zorro dormilón,
mano dura y
piojo en costura
serás genio y figura
hasta la sepultura.

Con
hábito de monje,
grajo que vuela bajo,
cabra que tira al monte y
barbas de tu vecino
sólo conseguirás llorar
lágrimas de cocodrilo.

A todo aquel que mi conjuro no quiera seguir,
dos tazas de este caldo le habrán de servir.


Antónimos equivocados

Lo contrario de subir no es bajar, sino estar parado.

Lo contrario de querer no es odiar, sino olvidar.

Lo contrario de llorar no es reir, sino estar muerto.


Palíndromos y anagramas

Esta semana he podido disfrutar la obra "Mi misterio del interior" de la compañía Ron Lalá en el teatro Alfil de Madrid. En esta buena pieza de humor, música e ingenio, uno de los sketches más memorables es el del hombre que habla con frases capicúas.

Un palíndromo es una palabra o frase que se lee igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda, como el archiconocido "Dábale arroz a la zorra el abad". Escuchando los hilarantes diálogos de la escena, me vino a la memoria mi vieja incursión de hace unos años en las frases simétricas y otros juegos de palabras similares. De alguno de aquellos ejercicios con las letras salió algún que otro palíndromo curioso, pero no tardé en desistir de mi pasatiempo al descubrir la gran labor creativa y recopilatoria de Víctor Carbajo, un auténtico merecedor del calificativo "hombre palíndromo".

Otro de los juegos que investigué hace tiempo, a raíz de la lectura de un artículo de A. K. Dewdney en la versión española de la revista Scientific American, fue el de los anagramas (palabras o frases que resultan de la transposición de letras de otras palabras o frases, como por ejemplo "entropía" y "proteina"). Ahora incluso pueden encontrarse en internet generadores anagramáticos como los que proponía Dewdney allá por 1984. La heurística, o idea feliz para la eficacia un algoritmo de tales propósitos, es la construcción y utilización de un diccionario de palabras clasificadas por una signatura basada en sus letras ordenadas alfabéticamente (por ejemplo, la signatura de "entropía" sería "aeinoprt"), lo que facilita enormemente las búsquedas.

Las letras, como ADN de las palabras, son la materia prima para estos juegos y resulta interesante comprobar hasta donde puede llegar la parte puramente lúdica del lenguaje.


Haiku nº 1

El universo es un poema de un solo renglón.

Perteneciente a la colección "Las margaritas impares" (2001)


El hombre que hablaba al revés

El hombre que hablaba al revés era un tipo singular.
Siempre llegaba despidiéndose y se marchaba diciendo "hola".
El hombre que hablaba al revés cantaba canciones que nadie podía entender.
El hombre que hablaba al revés daba el pésame en las bodas y brindaba en los entierros.
Pero no lo hacía de mala fe; es sólo que no podía evitar hablar al revés.

El hombre que hablaba al revés no reparaba en elogios hacia las personas que detestaba.
Escribía cartas de amor a sus peores enemigos.
Y, en Navidad, enviaba amenazas de muerte a la familia.
El hombre que hablaba al revés insultaba con frecuencia a sus cada vez más escasos amigos.
El hombre que hablaba al revés le dijo NO a la mujer de la que estaba enamorado.
Y se apoderó de él tal tristeza que no podía dejar de contarse chistes a sí mismo.

Un día, el hombre que hablaba al revés se asomó a la ventana de su pequeño apartamento en la planta 25 (¿o era la 52?).
El hombre que hablaba al revés gritó que se arrojaría al vacío para poner fin a su vida.
El hombre que hablaba al revés se despidió del cruel mundo.
Pero la multitud expectante que le observaba vio como, en lugar de caer, el hombre que hablaba al revés comenzaba a levitar ingrávido en el aire, ascendiendo lentamente hasta perderse en la lejana infinitud de un hermoso cielo azul.

Le echamos de más.

Perteneciente a una colección de cuentos de 1994.