Miércoles, 7 de noviembre de 2007 a las 07:47 - PALABRAS

En la llanura se alzaban
los marfiles yermos,
las costillas sacras
de mil elefantes muertos.
Mil cráneos yacían
sin orden claro,
en difuntas jerarquías
de tamaño sólido.
Y en las arpas de sus huesos
se hendía el viento.
Y en sus colmillos secos
daban la hora relojes;
mil, de sol y suelo.
Perteneciente a la colección "Las margaritas impares" (2001)
Fotografía de Mel y John Kots
Lunes, 8 de octubre de 2007 a las 06:34 - PALABRAS

Conde Preciado
El Conde Preciado, en el castillo,
a su miseria sácale brillo.
Ruinas, harapos y marchitas flores:
única herencia de tiempos mejores.
El Conde Preciado se siente pequeño,
ahora que de casi nada ya es dueño.
Tierras, dominios, hacienda importante:
motas de polvo hoy insignificantes.
El Conde Preciado del sol rehuye
y en lóbregos sótanos se recluye.
Extraño azar le jugó su moneda:
todo lo tuvo; nada le queda.
Lunes, 8 de octubre de 2007 a las 00:28 - PALABRAS

Víctor Vector
Víctor Vector lo hacía cada día:
tomaba el ascensor cuando subía.
Aunque la dirección igual le daba,
pues también lo hacía cuando bajaba.
Fue de tanto tomar el ascensor,
que, confundido ya Víctor Vector
con tanta bajada y tanta subida,
se olvidó del sentido de la vida.
Subir, bajar, estar en movimiento;
el caso es no pararse ni un momento.
Ayer ví a Víctor en el ascensor:
—¿A qué piso?
—Al último, por favor.
Lunes, 8 de octubre de 2007 a las 00:27 - PALABRAS

El gato sospechoso
En la escena del crimen descubrieron
el rastro de unas huellas muy curiosas.
Tras descartar expertos muchas cosas,
en que eran de minino coincidieron.
—El sospechoso es gato zalamero,
de pelo negro y andar sigiloso.
—Hábil, astuto, raudo y peligroso;
costoso será hallar su paradero.
Mas, en el baño vieron una sombra,
arqueado contraluz sobre la alfombra,
y al escuchar un tenue cascabel,
supieron de inmediato que era él.
Lunes, 8 de octubre de 2007 a las 00:21 - PALABRAS

El Tío Palo
De los villanos, Tío Palo
fue, por mérito, el más malo
y no le importaba un cuerno
ir derechito al infierno.
Un frío día de invierno
que almorzaba bebé tierno,
se atragantó de tal suerte
que llamó a su puerta la Muerte.
La Parca le dijo: —¡Escucha,
he venido a recogerte!
—¡Aquí me tienes, flacucha;
encantado de concerte!
—Por tu mal se te ha juzgado
y no saldrás bien parado.
—¡Maldigo a mis enemigos!
¿Cuáles son, pues, mis castigos?
—En el averno arderás
largo y por siempre jamás,
y a tu cuenta irá además
cada factura del gas.