Perfil personal del autor


Me llamo Luis Pabón y nací en Madrid (España) en 1972.

Soy ingeniero industrial (actualmente trabajando en el sector aeroespacial), y mi experiencia siempre ha estado estrechamente relacionada con las tecnologías de la información.

A pesar de la primera impresión que puedan dar estas páginas, no me considero freak, geek, nerd, ni nada por el estilo que pueda quedar resumido en un término de jerga neológica. En todo caso, aceptaría de mejor grado la definición de tipo con intereses diversos y sin problemas para socializar con las gentes que merecen la pena.

Reconozco que soy algo envidioso: leo un libro y quiero escribir, acudo a un concierto y me apetece componer, veo una película de Wim Wenders y me quiero arrojar desde lo alto de una azotea. También soy persona de preferencias bien definidas, lo que en absoluto impide que sea capaz de disfrutar intensamente de cosas que no me gustan.

Me atrae la búsqueda de la originalidad porque creo que, aunque en la mayoría de los casos no dé con ella, del intento creativo siempre sale algo interesante. A menudo he sido un visionario insuficiente, que es la más ridícula de las vanguardias, pues de nada sirve en esta vida ir cinco minutos por delante los acontecimientos. Tampoco creo en la genialidad, y ni siquiera aspiro a más sabiduría de la que pueda encontrar en la sencillez.

No me suelo fiar de las cosas perfectas, seguras o vitalicias, pues allí donde me las prometieron, resultaron ser torcidas, fugaces, o simplemente insucesas. No obstante, el germen de mi escepticismo procede más de una calmada concepción de este mundo, la cual me permite estar de acuerdo con Dios en muchas cosas, y al mismo tiempo discrepar en el pequeño matiz de su existencia.

Conmigo es conveniente pelearse al menos una vez en la vida pues, si bien las batallas pueden resultar duras, las reconciliaciones son sinceras y redentoras. Cada vez más, creo en la cordialidad solidaria y estoy convencido de que cuando falla es porque no se ha invertido lo suficiente en el imprescindible esfuerzo de la empatía.

Igualmente importante considero el sentido del humor, aunque no siempre me es posible evitar que me tomen en serio cuando hablo en broma y que me tomen en broma cuando hablo en serio.

Por último, y aunque sea tirar piedras contra este propio tejado, creo que sería estupendo que las personas sólo hablasen cuando tuviesen algo verdadero que decir porque, para que negarlo, en el fondo me encanta el silencio.